En 2010, murieron en la Península Valdés alrededor de un centenar de ballenas, 89 de ellas eran crías. En 2012, "fue otro récord, con 116 ballenas muertas, incluyendo 113 ballenatos".
Durante la 44 Conferencia Anual de la Asociación Internacional de Medicina de Animales Acuáticos (IAAAM) en Sausalito, California, el Dr. Peter Thomas, de la Comisión de Mamíferos Marinos de Estados Unidos y Coordinador del taller, expresó que “hasta hace poco, la población de ballenas de Valdés era considerada saludable, y estaba aumentando a una tasa constante luego de haber sido diezmada por la cacería de ballenas en siglos pasados. Sin embargo, dados los varios años de alta mortandad, parecería que las ballenas de Península Valdés y su ecosistema en el Atlántico sudoccidental son menos saludables y resistentes de lo que pensábamos”.
La frase consta en el mismo reporte, latiendo en la web al mismo tiempo que aquí "ecologistas", "científicos" y hasta una institución que no solía entrar en estos enjuagues de la politiquería y los negocios, el Centro Nacional Patagónico, puso a uno de sus especialistas a disposición del Gobierno, para que negara en una gacetilla oficial lo que había publicado el diario "Clarín", es vil demonio de nuestros días.
“La actual mortandad de ballenas francas australes en Península Valdés no tiene paralelo a escala global. Ninguna otra población de ballenas francas está perdiendo tantas crías cada temporada”, dice la Dra. Frances Gulland, Científica Principal del Centro de Mamíferos Marinos de Sausalito y anfitriona de la conferencia de la IAAAM, agrega el informe reproducido en el sitio del Instituto de Conservación Ballenero, otro que retrocedió velozmente sobre sus pasos ni bien los intereses del sector turístico y del Gobierno le soplaron en la oreja.
El debate viene bien para colocar algo de luz sobre la tarea de supuestos expertos, dedicados desde hace años al arte de la retórica, es decir al ejercicio de hablar por hablar sin que nadie los confronte.
De esa manera, nos han asegurado que identifican como si tuvieran un carné de identidad a orcas y ballenas, a las que dicen haber cuantificado con el impecable método de sobrevolarlas mientras las cuentan "a ojo" desde el aire.
El otro punto que reveló una discusión muy mediocre y sólo destinada a garantizarle paz al lanzamiento de la temporada, es que no hay quién controle el impacto de esa industria sobre la población de ballenas, como tampoco existen interesados en fijarle límite alguno.
Sobre las causas de las muertes, todos los científicos y/o ecologistas comparten una idéntica impresión.
No tienen la más remota idea sobre las causas. Vamos bien.
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