En Choromoro y los pueblos vecinos no hay más opción que beber agua contaminada

En Choromoro y los pueblos vecinos no hay más opción que beber agua contaminada
El informe abarca seis pueblos y las muestras son de casas y escuelasUn informe asegura que el líquido que llega a las viviendas no es potable. Son seis localidades y centenares de familias. Diarreas y otros males
Francisca Suárez abre la tapa de un tanque de agua plástico e invita a ver en su interior. Dice que lo limpió hace menos de una semana y ya el fondo está cubierto por una gruesa capa de tierra. "Eso es lo que tomamos", reniega. Lo llena con una manguera que cruza todo el terreno en donde también están las casas de su madre y de uno de sus hermanos. A lo largo de todo ese recorrido la manguera está yapada varias veces. Pierde igual, así que lo que llega hasta su casa es un hilo fino y turbio.

Los pobladores de Choromoro (a 50 kilómetros de la capital, en el departamento de Trancas) y todos los pueblos aledaños (Potrero, Rodeo Grande, Gonzalo, La Higuera, Chuscha y Ñorco) darían lo que fuera por abrir el grifo y consumir agua con la seguridad de que no dañará su salud. Suena increíble, pero en pleno 2013 todavía en esta zona la sacan directamente de los ríos. Colocan mangueras negras bien gruesas en medio del curso de agua y la extienden por metros hasta sus casas.

En el más adelantado de los casos, como en Chuscha, el agua del río entra a unos piletones que el fondo tienen musgo y peces muertos y de ahí va por cañerías. Una cooperativa se encarga del mantenimiento de esos piletones, pero no se les coloca cloro. "Un par de veces lo hicieron y se pasaron; el agua salía blanca", recuerdan algunos vecinos.

De esos gruesos caños salen las bocas para las viviendas que se ubican a la vera de la ruta principal, la 312. Pero esta infraestructura sólo sirve para trasladar un líquido cuya calidad no es apta para el consumo humano.

Enfermos

Las diarreas, las infecciones urinarias, las vaginitis, los parásitos y las manchas en la piel son las patologías más frecuentes que se atienden en los CAPS. "Los estudios dicen que el agua tiene más de 200 bacterias. Los animales toman y defecan en los ríos, pero también la gente arroja pañales, plástico, pilas y basura en los canales", explica Aurelio Velárdez, agente sanitario del CAPS de la localidad de Gonzalo. Sin embargo, las diarreas no son tantas como se podría suponer. En ese centro de asistencia se entregan pastillas de cloro gratis.

Para acceder a Chuscha y al resto de los pueblos hay que transitar por la ruta provincial 312, que es de tierra. Después de masticar polvo durante más de 20 minutos comienzan a divisarse los primeros caseríos de este poblado. Con una distancia de pocos kilómetros entre sí, van a apareciendo en hilera los demás pueblos. Los ríos que los cruzan adoptan el nombre de cada lugar: río Gonzalo, Potrero… "Mientras no llueve no hay problema en sacar agua; el tema es cuando vienen las crecidas, porque traen mucho barro. Por lo menos hay que dejar pasar tres días hasta que se puede volver a sacar", explica Emilia Castillo, del pueblo de Gonzalo. Alrededor de un grifo exterior que está al costado de su casa tiene amontonados varios tachos. En el más grande junta agua para lavar ropa, en los baldes más chicos, para tomar. "¿Ves? Viene hasta con pelos de animales", señala.

Y claro, es que ese mismo río también es fuente de agua para todos los animales de la zona. Cuando crece se les corta la comunicación con el resto de la civilización. Hasta que baja y pueden volver a cruzar en moto o saltando las piedras, los niños se quedan sin ir a la escuela de Gonzalo, la N° 214 Juan Ramón Valverdi. Los aísla por completo. Hace más de 35 años que los habitantes de ese poblado y los que están más arriba piden un puente que nunca llega.

De lluvia

"Los días que vienen las crecidas tomamos agua llovida", comentan Lucía Fernández y Ángela Ordóñez habitantes de Chuscha. Los techos de Lucía son de chapa y tienen un caño que oficia de canaleta. El agua de lluvia corre por ahí y cae justo dentro de un gran tacho blanco. Todo está calculado para no desperdiciar ni una gota. Quien sabe por cuántos días será lo único que tendrán para tomar y cocinar. "Si no, no podemos tomar nada", explican.

Hervir el agua es una forma de potabilizarla, pero esa opción resulta un presupuesto. El único gas que hay es envasado y los 10 litros cuestan $30. La mayoría opta por cocinar con fuego de leña. La zona es generosa con las plantaciones de verduras de todo tipo. El trabajo en los cercos es la principal fuente de ingresos de hombres y mujeres que, en su mayoría, son madres solteras. Por la jornada de 8 a 13 y de 15 a 18 se paga unos $ 80. Cristina López tiene dos hijos y es cosechera; mientras trabaja, su madre cuida al niño más pequeño de un año y medio. Su otro hijo tiene 14 y, ahora que está de vacaciones en la escuela (las más largas porque es zona de alta montaña), la acompaña a trabajar. Vive en Chuscha y en su casa no hay agua. Aunque el canal corre justo al frente, la cañería no cruza la ruta. Ella la acarrea desde de la casa de su madre.

El valle de Choromoro contiene hermosos paisajes y posee un potencial turístico evidente. Sin embargo, los pueblos que dependen de esa comuna tranqueña sufren el mal de la postergación crónica. La falta de agua potable, de gas natural y de cloacas deja trunca cualquier posibilidad de desarrollo turístico. El Valle de Choromoro que posee servicios y que se promociona en los folletos turísticos sólo abarca San Pedro de Colalao y Hualinchay.

Un informe del Siprosa advierte que el agua tiene la bacteria escherichia coli

El 2 de julio, la Dirección General de Salud Ambiental del Siprosa finalizó un informe sobre el agua de la zona de Choromoro. Los técnicos levantaron muestras en todos los pueblos pertenecientes a la comuna de Choromoro y luego de analizarlas, concluyeron: "El agua no es apta para el consumo humano por encontrarse bacterias en un número superior al establecido por el Código Alimentario Argentino". Entre las bacterias que identificaron está la escherichia Coli, que se encuentra en la materia fecal de los animales y que produce infecciones intestinales y diarreas. Las reacciones son más virulentas en los niños. También la pseudomonas aeruginosa, otra bacteria que infecta el tracto pulmonar, el urinario, tejidos, heridas y también causa otras infecciones de sangre, sobre todo en personas con falta de defensas.

"El agua no es potable, pero lo mismo la gente la toma porque no hay otra opción", dijo Jorge Peralta, director del CAPS de Gonzalo. Cuenta que él mismo pidió hace más de cuatro años en el Sepapys una planta potabilizadora. "Más arriba se hizo una, pero nunca funcionó porque cuando largaron el agua la presión hizo que los caños explotaran", agregó.

Peralta reconoció que no hay tantas diarreas como se podría esperar y que algunas patologías, como las parasitosis, que son bastante frecuentes, también se deben a las condiciones de vida que no son muy higiénicas. Salvo por un par de módulos habitacionales, la mayoría de las casas son de adobe, plásticos y pisos de tierra.

Pesticidas

Desde hace varios años los vecinos también denuncian que los ríos y canales por donde corre el agua que consumen ofician de grandes piletones en donde se lavan las mochilas con las que fumigan las plantaciones. El delegado comunal de Choromoro, Luis Diez, reconoció que se habló con miembros de la comunidad boliviana para advertirles sobre el peligro de continuar con esto. En Chuscha es numeroso el poblado de inmigrantes de ese país que vive del trabajo en los cultivos.

El informe del Siprosa tiene 19 páginas, varias de las cuales están destinadas a detallar las muestras, los ensayos, los procedimientos técnicos y los resultados del análisis del agua. Como referencia, las muestras se extrajeron de grifos ubicados en las escuelas de la zona, en el CAPS y en algunas casas de familia.

Para el consumo recomiendan medidas sanitarias como tratar el agua con pastillas de lavandina o hervirla durante cinco minutos. También se aclara que el informe será derivado al Sepapys para que asesore técnicamente a la cooperativa de Agua de Chuscha y La Higuera.

Sólo un pozo, pero varios metros de cordón cuneta

La perforación de un pozo en la zona de La Higuera promete ser la solución para ponerle fin al problema del agua en dos pueblos. Según confirmó el delegado comunal, Luis Diez, a través del plan nacional Más Cerca se cavará un pozo para extender 3.100 metros la red de caños. Esto le dará agua, supuestamente potable, a las familias de Chuscha y La Higuera. Al tratarse de aguas subterráneas (se extraen de una profundidad de 150 metros) no es necesario potabilizarla. Adrián Cúneo Vergés, interventor del Sepapys, dijo que por el momento ésta es la obra principal para la zona. Para los demás poblados no se ha previsto aún una solución.

Según el delegado, en Gonzalo el problema radica en que las cañerías deberían atravesar terrenos privados. Explicó que en Potrero ya se hizo una planta potabilizadora que el Sepapys entregó a la comunidad aborigen, pero nunca funcionó. "Para esas zonas se pidió cordón cuneta a través del plan Más Cerca", señaló. El cordón es, según Diez, una obra prioritaria. Suena, al menos, curioso debido a que se trata de pueblos sin veredas, con casas que crecen a la vera de una ruta de tierra y, sobre todo, porque hace 35 años que el reclamo, además del agua, es un puente sobre el río Gonzalo para no quedar aislados en época de crecidas. Por eso, no se entiende bien cómo un cordón cuneta mejorará la calidad de vida de esa porción de tranqueños.

Tampoco se pidió la reparación de la planta de Potrero, aprovechando que ya que existe la infraestructura, ni que se adecuen los piletones de Chuscha para que el agua pueda potabilizarse.

Hace ocho años LA GACETA realizó una cobertura en Chuscha sobre el agua. Los pobladores ya advertían que tomar el líquido del río los enfermaba. Una médica del CAPS pedía que se analizara el agua porque las diarreas eran frecuentes. Desde ese día nada cambió, pese a que los funcionarios estaban al tanto de la situación.

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