Por David BrunatEl premier Wen Jiabao anunció que este año se prevé una expansión económica del 7,5%.
“El objetivo de crecimiento para este año es de un 7,5% de PBI, un porcentaje necesario y apropiado. Deberemos trabajar duro para conseguirlo”, enunció el premier Wen Jiabao en su tradicional discurso del estado de la Nación, que cada año marca el inicio de la Asamblea.
Ese 7,5% es el combustible mínimo que necesita China para mantener engrasada su economía y preservar la estabilidad social.
En 2012 el PBI creció “sólo” un 7,8%, la cifra más baja de los últimos 13 años.
Tras los anuncios sobre la expectativa de crecimiento para China, el principal indicador de la Bolsa de Nueva York, el Dow Jones, tocó ayer un máximo histórico, al cerrar con un alza de 0,9%, y recuperó así las pérdidas de la crisis. También subieron las Bolsas europeas.
Lejos queda ya el crecimiento con cifras de dos dígitos de las últimas tres décadas. China está inmersa en un cambio de paradigma que decidirá el futuro del país. Si el Partido Comunista es capaz de convertir una economía basada en la inversión extranjera y en la manufactura intensiva de bajo costo por otra centrada en la inversión nacional con producción de alto valor añadido y mayor consumo interno, se ganará su monopolio de poder. Si fracasa en el intento, la respuesta de la sociedad, enojada por la creciente brecha entre ricos y pobres, son imprevisibles.
Según la ONU, un 13% de la población vive con menos de 1,25 dólares al mes, mientras la revista Hurun (el Forbes chino) sitúa en 317 las personas con más de mil millones de dólares en su cuenta, la quinta parte del total mundial.
La receta para la armonía social pasa por que los chinos comiencen a consumir todos los bienes que Occidente dejó de comprar a raíz de la debacle financiera y por el aumento de los salarios en la fábrica del mundo. “Tenemos que asumir con toda firmeza la ampliación de la demanda interna como directriz estratégica para el desarrollo económico”, precisó Wen Jiabao.
Para mantener el crecimiento, China volverá a echar mano del gasto público en forma de infraestructuras para urbanizar su vasto territorio y mejoras en el sistema de sanidad. La deuda contraída por las administraciones aumentará en 400.000 millones de yuanes (64.247 millones de dólares) al cierre de 2013. Este año se construirán 5.200 kilómetros de vías férreas y 80.000 de carreteras, así como 10 nuevos aeropuertos y 4,7 millones de viviendas de protección oficial. Unas cifras faraónicas pero no alarmantes: el déficit público a final de año sólo sumará un 2% de su PBI.
Aunque el discurso del premier está siempre cargado de buenas intenciones y autocomplacencia, no podía Wen Jiabao evitar referirse a la lacra que azota al régimen: “Debemos combatir la corrupción de modo inquebrantable, reforzar la integridad política, establecer instituciones que terminen con la concentración excesiva de poder y con la ausencia de auditorías al poder, y asegurar que los funcionarios son honestos, el gobierno está limpio y los asuntos políticos son manejados con integridad”.
Wen lanzó este alegato, repetido ya en anteriores asambleas, en su último discurso como premier, tras diez años el cargo. Fue pocos meses después de que el diario The New York Times revelara que la familia de Wen Jiabao controlaría una fortuna de 2.000 millones de dólares. Otra investigación, de la agencia Bloomberg, situó en 376 millones de dólares los activos de la familia del que cuando termine la asamblea será el nuevo presidente de China, Xi Jinping.
Durante las próximas dos semanas, la cúpula del gobierno discutirá en secreto las líneas maestras de su legislatura para este año, además de ratificar a Xi Jinping y Li Keqiang como nuevos presidente y premier de la segunda economía mundial.

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