El Chile de Piñera: peligros y desafíos de un nuevo liderazgo

El Chile de Piñera: peligros y desafíos de un nuevo liderazgo
Un millón y medio de chicos sin escuelas, decenas de hospitales fuera de servicio y 300 mil viviendas inutilizadas son algunas de las preocupaciones inminentes. La gran pregunta es si este escenario le permitirá hacer un gobierno exitoso.
Reconstrucción, refundación o restauración. Esas son las palabras del momento, cuando el presidente Sebastián Piñera acaba de iniciar su mandato de cuatro años con el objetivo de levantar Chile después del terremoto y el tsunami del 27 de febrero que devastaron el centro y sur del país, donde está asentado lo que algunos llaman el "músculo productivo". Hasta diez días antes de asumir, el exitoso e influyente empresario Piñera -una de las mayores fortunas del país- llegaba al poder con ambiciones de elevar el PBI de los chilenos hasta el umbral de países europeos. Contaba para eso con los 20 años de gobiernos de la Concertación, que le dejaban un país moderno en términos de infraestructura, con gran crecimiento -aunque asombrosamente desigual en el reparto- y una red de protección social que él se había comprometido a extender hacia la clase media. Ahora, ante la evidencia de pérdidas de todo tipo y la crisis que dejó emerger el lado oscuro del modelo económico chileno, el nuevo presidente admite que su país "definitivamente, es más pobre que antes". En lo inmediato no habrá sofisticación en la agenda sino cuestiones fundamentales para resolver: vivienda, salud, educación y trabajo.

Un millón y medio de chicos aún no pudieron empezar las clases porque las escuelas se vinieron abajo. Unas 300.000 casas quedaron absolutamente inutilizadas. Decenas de hospitales dejaron de funcionar luego de la catástrofe y un gran número de chilenos se quedó en la calle porque su fuente de ingresos dejó de existir. Ejecutivo y pragmático, Piñera ya anunció un plan de austeridad, la disponibilidad de los ahorros y un mesurado pedido de créditos para paliar las pérdidas, que estimó en unos 30 mil millones de dólares. Ahora, ¿el nuevo escenario perjudica o beneficia sus posibilidades de hacer un gobierno exitoso?

"Este es el escenario ideal en muchos sentidos", respondió a este diario el analista político Ascanio Cavallo. "A Piñera lo esperaba un gobierno sin una épica nacional, sin grandes conflictos ni crisis, un gobierno más. Al resultar electo, él había hecho una convocatoria a la unidad nacional que resultaba de lo más ridícula y su programa de gobierno era muy pobre. Todo cambió con el terremoto, se hizo urgente el problema de la unidad, se le creó un objetivo y una épica. Ya hay evidencias de que el terremoto es su principal agenda, y va a tratar de extenderla lo más que pueda", una buena manera también, dice, de frenar los embates de la oposición.

Para la socióloga Marta Lagos, directora de Latinobarómetro, "Piñera llegó para quedarse y esta es su oportunidad. Si no lo consigue, es porque el choque de intereses entre su lugar como empresario y la función pública termina siendo más fuerte". Lagos asocia este momento de Chile con el terremoto de Chillán, en 1939, al año siguiente de que los radicales llegaran al poder. Según recordó Lagos a este diario, la catástrofe les dio el espacio para "refundar y redibujar Chile y se quedaron 10 años".

Pero no todos ven este escenario de desolación como el terreno propicio para que Piñera ponga en marcha su manual de pragmatismo y eficiencia con éxito. Es el caso de Carlos Peña, rector de la Universidad Diego Portales, que no cree que el país esté "en presencia de una encrucijada histórica que podamos recordar en 40 años más como un punto donde se inició algo que antes no existía. Lo más probable es que el de Piñera sea un gobierno de reconstrucción en sentido estricto, es decir que veamos los grandes puentes erigirse de nuevo, las caletas retomar su antigua fisonomía, etc."

Según Ascanio Cavallo, para garantizarse el lugar en la Historia, es imperioso que Piñera consiga "una combinación de éxitos urgentes, sobre todo en rubros como salud, educación y vivienda". Y señala un detalle, que muestra hasta qué punto el presidente busca capitalizar el momento, para conseguir respaldo legislativo y popular. La empresa que hizo el estudio de lo que podría costar la reconstrucción estimó las pérdidas en entre 20 y 30 mil millones de dólares, y Piñera mencionó este último número, lo que demuestra que "está eligiendo el camino de dramatizar", en función de la épica.

Por ahora, las encuestas dicen que aunque hay esperanza entre los ciudadanos, se percibe también cierta desconfianza en los nombramientos que hizo el presidente. Eligió poquísimas figuras políticas y se inclinó, en cambio, por exitosos empresarios, algunos muy cuestionados antes pero mucho más ahora por provenir de rubros desprestigiados como la industria de la construcción. "Un gobierno de gerentes", ironizan los más críticos.

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