¡Chelo parió!

¡Chelo parió!
Marcelo Delgado estuvo en Casa Amarilla observando el entrenamiento de Boca. ¿A qué fue? A saludar a Bianchi y a visitar a su ex compañero y mejor amigo: Juan Román Riquelme. El 10, feliz por la vistia, estuvo afiladísimo en la práctica y marcó ¡siete goles! en el fútbol reducido
-¿Quién es ese que está allá? ¿Es el Chelo Delgado?

-Sí, es él. ¡No te la puedo creer!

Hay una revolución en la práctica de Boca. Uno de los delanteros más ganadores de la historia del club está de vuelta en Casa Amarilla. No, no vino a entrenarse: los cortos y los botines están guardados en el placard. Ahora viste jean y camisa y mira la práctica desde afuera de la cancha, detrás de un reja, como intentando no molestar a ninguno de los que se matan de la línea de cal para adentro.

El solo hecho de que el Chelo esté ahí parado ilumina el rostro del 10 de Boca. Sí, hoy más que nunca Riquelme está felí. También Bianchi, quien lo dirigió en la época dorada del club, allá por el 2000, cuando se empezó a forjar esa relación de amistad/hermandad que actualmente une a Román y Delgado. El interminable abrazo con el que se saludaron una vez finalizada la práctica es una muestra irrefutable de ello.

La charla fue breve, concisa. La de adentro de la cancha, claro: después de unos minutos enfilaron juntos hacia el vestuario, donde Bianchi, el Cata Díaz y compañía lo esperaban para compartir mates y alguna vieja anécdota. Una de esas que hacen inflar el pecho del hincha xeneixe. Una de esas que le sobran al Chelo Delgado...

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