En un show que tuvo toda la adrenalina y el cariño de ida y vuelta de sus mejores tiempos, el ídolo pasó por Mar del Plata dejando lo mejor de su repertorio.
Y ante ese público eufórico y emocionado, Charly comprobó una vez más el amor y la admiración que se le tiene.
Exactamente diez minutos después de las diez de la noche, vestido de negro y visiblemente feliz, el artista arrancó el show con el mismo formato con el "concierto subacuático" de Vélez, cuando festejó su cumpleaños: "El amor espera" y "Rap del exilio", mientras todos los celulares se convertían en cámaras de foto y los flashes ponían luces como si fuera de día.
La temperatura subió al máximo cuando cantó "No soy un extraño" y el público realmente estalló cuando sonaron los primeros acordes de "Cerca de la revolución".
El show y la lista de temas fueron similares a los conciertos de Lima, Santiago y el de Vélez, con la inclusión de "No se va a llamar mi amor" en los bises y una banda sonando cada vez más suelta, como García, que toca y canta más y mejor a medida que los recitales se multiplican y su recuperación se hace visible. En algún momento, hasta se permitió unos pases de baile impensados cuando comenzó este largo camino de vuelta a la normalidad.
Sus seguidores, que estuvieron atentos en todo momento a estos guiños, no dejaron de alentarlo durante todo el show, coreando sus temas más conocidos, bailando y festejando cada acorde, cada movimiento, cada comentario de Charly.
Una pantalla gigante detrás de García donde se pasaban diferentes escenas urbanas y otras dos más a los costados, "vistieron" el escenario en el que, más allá de los "chiches", lo único realmente importante era su presencia y su voz cascada, pero tan Charly, tan como en los mejores tiempos.
El show terminó como había empezado: en medio de un clima de fiesta, con la alegría del reencuentro y los infaltables deseos de "¡Charly, no te mueras nunca!", agradecidos por el ídolo con interminables gestos de cariño.

Comentá la nota