A pesar de los anuncios de una reapertura que no demandaría más que un par de meses, transcurridos ya algo más de tres años del incendio que provocó importantes pérdidas materiales y simbólicas, tanto en el edificio como en el propio museo del Chalet Huergo, el edificio continúa cerrado.
Además de las caídas por el acantilado costero que involucraron a jóvenes estudiantes -uno de los cuales, residente en Km. 8, aún sufre las consecuencias provocadas por las quebraduras y lesiones en zona craneal- el desmoronamiento del sector afectado por la erosión marina, también habría provocado la caída al vacío de un importante sector donde se encontraba una antigua banca utilizada para el relax y la observación del mar en el momento que, afortunadamente, no estaba siendo utilizada por ningún vecino.
Erosión sostenida
Supuestamente y como consecuencia de la erosión marina que sufre la base-talud del terreno donde se encuentra el chalet, lo que provoca movimientos que han provocado derrumbes considerables del terreno y las fisuras que se observaban en el histórico edificio, por las que incluso se llegó a pedir el cierre de las instalaciones a las visitas programadas de escuelas y grupos de adultos mayores, es que no se ha avanzado en la recuperación integral del museo y de la edificación toda.
Pero más allá de reconocer que el trabajo de refuerzo costero es sumamente costoso, surge también que para poder realizarlo, se gestionaría la declaración de “patrimonio histórico nacional” del predio -con edificación incluida- trámite que aparentemente nunca se concretó o se abandonaron los primeros intentos, los que habrían comenzado durante el período en que Martín Buzzi era el intendente de la ciudad.
De hecho, y a más de tres años de aquel siniestro que terminó por cerrar uno de los museos que contenía gran parte de la historia mosconiana y hasta de las visitas de importantes personajes mundiales a la ciudad, como es el caso del Sha de Persia, Reza Pahlevi y su esposa Farah Diba -en 1965- lo cierto es que la ciudad y sus vecinos, hemos perdido parte de un bien común que tiene que ver con nuestra pertenencia comodorense.

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