El chalet de la discordia

El chalet de la discordia

No son las pirámides egipcias. Ni el museo del Louvre. No es la Casa del Puente ni una obra de Le Corbusier o Niemeyer. El chalet de Santa Fe y Falucho es una casa más, parecida a otras miles en Mar del Plata, pero los dueños anteriores lograron, para evitar pagar los impuestos, entrar en la categoría 49 de 50 en propiedades que se consideran patrimonio arquitectónico. 

Pero el gran hecho que convirtió a esta casa en la gran disputa hoy de la ciudad, fue la adquisición por parte de camioneros de ese lugar para ampliar su hotel sindical. Y a partir de ahí, estalló la polémica.

El expediente durmió varios años. Con los cambios legislativos de 2013, con un nuevo concejo, camioneros comenzó con su lucha para obtener la autorización. Es necesaria una excepción para desafectar esa vivienda como patrimonio arquitectónico y así poder demoler y construir varios pisos de servicios hoteleros.

Comenzaron con el camino conociendo lo difícil que es que el concejo autorice algo donde está detrás Hugo Moyano.

Viene Vilma, ese era el slogan de campaña. Y vino Vilma nomás. Vino Vilma y además fue Vilma. Vilma fue hasta el hotel de camioneros, en amistosas visitas de camaradería, y allí, café de por medio, tranquilizó a los muchachos diciendo que mandaran nomás todo, que ella ahora en el concejo, así como arma un cargo para amigos por $ 30.000 por mes, también les iba a sacar la desafectación.

No contentos con eso, recordaban los camioneros también aquellos buenos momentos compartidos en la sede del gremio, meca hacia la que peregrinaron todos los pre candidatos pidiendo estructura, fiscales, organización y plata. Mucha plata para la campaña.

Eva Moyano escuchó, acompañó, espero, y se cansó. Y en la reunión de la comisión de obras se hizo escuchar. 

El proyecto no se detendrá. Ya están trabajando en una nueva presentación. Saben que desde el Frente para la Victoria nunca les van a votar un pedido de Moyano, pero agradecen que vayan, se sienten y les den el quorum. 

Los votos que hacen falta son los votos radicales. Y los Moyano están calientes. Muy calientes. No les gusta que los usen, no les gusta que los paseen.

Y se van a cobrar hasta el último peso. 

Comentá la nota