Chacras de la Merced, los marginados del este

Chacras de la Merced, los marginados del este
Chacras de la Merced es un sector olvidado. El cartero no llega, los colectivos no andan y la mugre del río terminó con las plantaciones.
Es viernes pero parece otro día, parece cualquier día, un día sin nombre y sin tiempo. Hay sol, está despejado. Si no fuera porque el cole está abierto, uno no tendría la pista de que es un día de semana. Chacras de la Merced es un punto de la ciudad olvidado: tan lejos y escondido está que parece que no formara parte de Córdoba.

Unos 20 minutos se demora hacia Chacras en auto desde Colón y General Paz. Para llegar, hay que seguir derecho por Colón, Olmos y 24 de Septiembre hasta que la continuidad del pavimento se disuelve en un camino de tierra hecho “pelota”. Hay que pasar la planta depuradora de líquidos cloacales de Bajo Grande y después se arriba a donde viven varios vecinos que lamentan ser invisibles por lejanía.

Un buzón de hierro y un cartel que dice “Estafeta Postal”. Un recuerdo de cuando al barrio llegaban cartas, y no es que la tecnología haya reemplazado al cartero, sino que en Chacras de la Merced ni aparece. Los vecinos cuentan que hace rato que el Correo Argentino dejó de hacer rondas por la zona. Ni el diario llega a los almacenes del sector. Para cualquier cosa hay que ir al Centro.

“La Municipalidad nos cobra impuestos pero las boletas no llegan; lo mismo la Provincia. Todo lo tenemos que ir a buscar al CPC Pueyrredón. También pasa con el teléfono y otros servicios, y ese olvido que tiene la zona duele”, cuenta Cristina, una vecina que se define como “nativa” de la zona.

Ella, junto a su hermano José, tiene un almacén que funciona en el barrio desde 1968. El negocio era de sus padres. Las balanzas, las heladeras y las máquinas de cortar fiambre son de esa época. Cuando se les pregunta si pueden precisar qué cambió en el barrio en los últimos 20 años, aseguran que todo sigue igual.

El ir y venir de camiones y motopalas que trabajan en las canteras del sector es constante. El polvo en suspensión también. No así la frecuencia del R12, el único colectivo que pasa por camino a Chacras de la Merced y que actualmente no funciona porque los choferes de la Tamse dicen que se rompen las unidades por el estado de la calle.

Aunque Bajo Grande está bastante lejos, los olores de la planta depuradora se sienten fuerte en el kilometro 8 del camino. A esa altura, el río pasa cerca de las viviendas, y por ende, todos los líquidos cloacales de la ciudad que la planta no puede tratar y vuelca crudos al Suquía.

Luis Segundo Silveira vive en Chacras de la Merced hace 45 años. Llegó a la zona cuando terminó el servicio militar; formó una familia y hoy vive con sus hijos. Tiene 65 años y ese rostro típico, ajado, de las personas que le ponen el lomo a la vida.

“Como no tengo trabajo, me la rebusco zarandeando arena en el río para vender. Ya a esta altura ni luz hay en la calle. Lidiamos mucho con el olorazo que sale del río. Los días de calor, o cuando tiran muchos líquidos de la planta, se vuelve insoportable. Ni respirar se puede”, asegura el hombre.

Melisa Sarmiento, la nuera de Luis, cuenta que al haber tantas canteras hay mucha agua suelta en la zona, y eso hace que proliferen muchos mosquitos. Desde su casa al cole, que está al inicio del barrio, hay dos kilómetros, y si el colectivo no pasa los chicos se tiene que ir caminando a la escuela.

Sólo el nombre. Por la contaminación generada por Bajo Grande, la recomendación a quienes tenían quintas en la zona fue que dejaran sus plantaciones porque el agua ya no se podía usar para riego. Por eso, no queda ni una chacra al margen del camino.

Ese sí es un cambio que los vecinos palpan a diario, porque además, esto produjo que cada vez vaya quedando menos gente en la zona.

“Son todas canteras, no existe ni una chacra. Donde había una quinta, ahora hay una laguna. Las empresas de áridos son todo lo que queda. Pero viera los zapallitos, los pimientos y las papas que crecían acá”, asegura José Luna, otro vecino que trabaja zarandeando arena en el río y que tiene que laburar tres días para poder ganar 180 pesos.

Cristina y José también dan cuenta del éxodo de Chacras de la Merced por la imposibilidad de trabajar la tierra. Pero Luna, también criado de la zona, es quien recuerda aquellas épocas de quintas cada vez que se levanta por la mañana, bien temprano. Es que frente a su casa estaba el campo que él alquilaba de joven para cultivar y ahora hay una barranca con un inmenso espejo de agua.

Pese al olvido y al abandono en el que vive este sector de la ciudad de Córdoba, Luis asegura que no se iría a vivir a otro barrio: “Es que yo estoy acá hace años y es tranquilo. Nos quisieron llevar a Ciudad Esperanza, pero ahí te roban hasta los broches que tenés colgados. Yo quiero tranquilidad para mí y mi familia. Aquí también hay robos, como en cualquier parte de la ciudad, pero como acá nadie se acuerda de nosotros uno puede estar tomando fresco afuera sin problemas”.

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Bondis vs. camiones

No es noticia. Chacras de la Merced es noticia muy de vez en cuando. La semana pasada despertó del olvido, cuando la única línea de colectivos que pasa por la zona, dejó de circular por el pésimo estado de las calles.

Sin colectivos. Precisamente, los choferes de la línea R12, gestionada por la estatal Tamse, se negaron a trabajar por ese sector debido a la increíble cantidad de pozos en las calles de tierra.

Camionada. El pésimo estado de las vías del barrio se explica por la gran cantidad de camiones que circula permanentemente por el lugar trasladando piedras y arena desde las canteras hacia el centro de la ciudad.

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