El Chacho Peñaloza retratado por un histórico del peronismo riojano

Notable pintura del legendario Chacho Peñaloza realizada por el escritor Jesús Evangelisto Ibáñez, de largo currículo político en la historia provincial. Una verdadera obra de arte que nace del corazón de un hombre riojano conocedor de las interminables batallas de uno de los más grandes caudillos federales del norte argentino.

Como no podía ser de otra manera, Jesús Evangelisto Ibáñez se dio nomás con el gusto de hacer un retrato del más grande caudillo riojano como lo fue don Angel Vicente Peñaloza, el Chacho, tal se lo conoce popularmente.

Ibáñez es, además de un histórico del peronismo local, un ferviente historiador, escritor y admirador de una de las figuras legendarias de La Rioja como es la del Chacho Peñaloza, cuya historia aún no fue suficientemente estudiada ni exhumada, quizás opacada por otro caudillo federal, Facundo Quiroga.

Hay disímiles caras entre Quiroga y el Chacho: el primero era temido por el paisanaje, el segundo, amado. Al primero no le era tan fácil reunir a miles de gauchos, en tanto que al Chacho lo seguían “comiendo tan solo algarroba” miles de hombres que con tan solamente una indicación del hombre de Huaja se reunían en un punto determinado de los Llanos riojanos para luchar contra el poder porteño.

La gesta del Chacho merece una reivindicación de la historia y una revisión exhaustiva, ya que si bien es cierto lo que dice el odioso Domingo Faustino Sarmiento sobre que el Chacho perdió más batallas de las que ganó, su lucha contra el poder central fue una epopeya que hay que resaltar, pues fue una batalla desigual de gauchos mal armados, mal comidos, con cañones de cuero y piedra, contra todo el aparato unitario.

Lograron pender la cabeza de Peñaloza en una lanza para escarmiento del gauchaje, pero no lograron doblegar a todo un pueblo que aún recuerda con intenso cariño su memoria, como lo hace el Chicho Ibáñez en la obra que por primera vez es presentada en público por EL DIARIO DE LA RIOJA, algo que nos emotiva.

Pero además de las desigualdades entre el poder central y los dignos harapos de la montonera riojana, se debe resaltar el carácter bondadoso y noble del Chacho, incapaz de una venganza a pesar de los avatares de toda su vida, como cuando su bella hija Anita fue raptada por el tuerto Bárcena y llevada a Mendoza. En esta ocasión el riojano expresó –pese a su profunda angustia- que iba a deponer cualquier venganza y anteponer la justicia.

O como cuando entregó a los prisioneros unitarios y estos lo vivaron por el inmejorable trato que se les había dispensado, en tanto que el enemigo había matado a todos los hombres del Chacho que habían caído prisioneros.

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