El caso es ventilado en la Cámara Octava del Crimen. Se aguarda que hoy se conozca el fallo.
En el mismo juicio, que se realiza a puertas cerradas, trascendió que también el depravado (todos los nombres se reservan ante la gravedad del episodio) habría sometido sexualmente tiempo atrás a sus propias hijas, pero el paso del tiempo ha hecho prescribir estos casos.
El fallo del tribunal, presidido por el doctor Juan Manuel Ugarte acompañado por Julio Bustos y José Pueyrredón, llegará cerca del mediodía, luego que se escuchen las últimas palabras del imputado de los supuestos delitos de “abuso sexual con acceso carnal agravado continuado” y “corrupción de menores calificado doblemente agravado” por el vínculo y por el uso de arma blanca.
En los alegatos, que se escucharon a principios de semana, el fiscal Hugo Almirón reclamó 17 años de prisión para el acusado, mientras que la defensa -a cargo del asesor público Marcelo Carranza- solicitó la absolución.
El caso que se juzga desde hace unas semanas en Tribunales II, habría ocurrido entre los años 2005 y 2009 en una localidad de las Sierras Chicas.
Un personaje siniestro
A lo largo del debate en la Cámara Octava del Crimen, el sujeto de 53 años se mostró inmutable y negó los hechos.
En su defensa, acusó a su hija
-madre de la víctima- de ciertas constumbres que habrían incidido en la niña. Pero el testimonio de la víctima, hoy de 11 años, en Cámara Gesell fue claro y contundente.
A lo largo de cuatro años padeció en reiteradas oportunidades el asedio de su propio abuelo, quien la amenazaba con hacerle daño a su familia. Incluso cada vez que la sometía sexualmente, el depravado “jugaba” con un cuchillo sobre el cuerpo de la niña.
En el juicio se conoció que la madre y la tía de la víctima, es decir las hijas del imputado, también habrían sido abusadas cuando niñas y jóvenes. Es por ello que la progenitoria trataba que el sujeto, con el que no se hablaba hacía un tiempo, no se acercara a su hija.
Sin embargo, el imputado aprovechaba la hora de la siesta, cuando la niña estaba jugando en la plaza o saliendo del colegio para interceptarla y obligarla a ir a su domicilio, donde cerraba la puerta con llave.
A veces a diario, a veces dos oportunidades por semana, el hecho es que repitió entre los 4 y 8 años de edad de la víctima.
Primero habrían sido tocamientos, y con el paso del tiempo, siempre bajo amenazas de vida, comenzó a ser accedida carnalmente.
Una noche, en 2009, mientras madre e hija miraban una novela en televisión, una imagen hizo que la niña desatara en llanto y rompiera el silencio y la verdad saliera a la luz.
Semanas antes ya se habían detectado algunas alertas como el mal comportamiento en el colegio, y las constantes peleas que la víctima, principalmente, tenía con los varones.
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