Central volvió al triunfo y levantó cabeza. Terminó de enterrar rachas pesadas y con decisión forjó una victoria repleta de merecimientos. Recuperó la línea y ganó por convicción.
El primer tiempo fue un torbellino emocional. Con mucha intensidad pero pocas ideas claras. De todas maneras, Central plantó de arranque la bandera de la decisión y del ataque. Buscó un resultado favorable con mucha actitud y determinación. Quizás le faltó lucidez para transformar esa sensación de dominio en el marcador.
Avisó con una volea de Carrizo (4') y un remate bajo de Medina (12'). Después llegó la jugada que volvió a exponer las vacilaciones de este momento canalla. Mano de Araujo en el área, en un salto con Lagos, claro penal y una chance inmejorable. Encima Lanús perdió la brújula, se excedió en las protestas y Merlos expulsó al arquero Marchesín (22').
Pero Nery Domínguez mandó a la azotea del Gigante el penal y los nervios comenzaron a corroer la hoja de ruta original y a dominar la escena. Es que Central se enfrentó de nuevo al desafío de jugar con un hombre más. Y en ese lapso desnudó una evidente impericia para convertir esa diferencia numérica en situaciones favorables de juego.
Es que después del penal fallado se nubló, no pudo tomar las riendas y evidenció sólo titubeos muy lejanos al área.
El descanso apareció con un cero repartido que castigaba las dudas inoportunas de Central y su falta de capacidad para poder capitalizar los escenarios propicios.
Central arrancó mejor en la segunda mitad. Fue más creativo, intuitivo y arrimó peligro real. Fue más atrevido, confiado y profundo. Creaba ocasiones y empezaba a inclinar con gran acento la balanza de los merecimientos para su lado.
Encina estuvo cerca (2’). Delgado disparó desviado (5’). Un remate de Carrizo besó el caño izquierdo (10’). Y así, de puro guapo e insistidor, logró lo que tanto le costaba. A los 18’, Ferrari le puso un centro fantástico a la posición de Niell y el chiquitín, que recién había ingresado, definió de cabeza, como una ironía del destino que provocó una explosión en Arroyito.
Central no tuvo respiro. Un pelotazo largo encontró a Delgado habilitando y Blanco marcó el empate (24’) ante un rebote de Mauricio Caranta.
Ese golpe tampoco lo venció. Siguió buscando lo único que le servía: la victoria. A los 30’, un córner desde la izquierda de Carrizo, fue aprovechado por Lagos, que sorprendió a todos en el segundo palo y decretó el segundo, el del triunfo. Justo Lagos, uno de los más resistidos, otra ironía del destino que tuvo merecida revancha.
En el final pudo aumentar a través de Lagos, Abreu o Carrizo. Y hasta a Encina le anularon un gol por posición adelantada. Pero los tres puntos ya estaban atesorados a fuego. Con la garganta al rojo, con el corazón en llamas, con las necesidades burlonas que anoche se vistieron de pasión y coraje para poder gritar a los cuatro vientos una victoria muy esperada.

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