El canalla va a Sarandí con la misión de dar un paso adelante. Las vueltas de Hernán Encina y Rafael Delgado pueden aportar a la recuperación.
El hecho de haber sumado apenas un punto de los últimos doce en juego marca desde los números una notable baja en el rendimiento. Aunque hay atenuantes si se habla desde el desarrollo de lo que fueron los cuatro capítulos que incluye la racha. Estuvo bien la derrota en Mendoza ante Godoy Cruz, pero luego el 0-1 ante Colón fue demasiado castigo para un Central que convirtió en figura al arquero sabalero Germán Montoya. Después visitó al campeón San Lorenzo y los tres puntos se le escurrieron sobre el final (1-2), a pesar de haberse emboscado muy cerca de Caranta en la segunda etapa. Mientras que en el último acto frente a Tigre también tenía todo para ganar, hasta dilapidó un penal y de rebote el resultado terminó en 1-1.
Lo dicho. Central necesita evidenciar síntomas de maduración, de mejorar la lectura de los partidos, como incluso reconoció el propio Russo. Esto equivale a decir que cuando logre superar a los rivales en el trámite deberá plasmarlo en el resultado.
Central es un equipo que suele generar chances de anotar porque tiene varios jugadores con vocación ofensiva. Y cuando logra precisión, en especial por las bandas, complica a los adversarios. Esta es la virtud. Pero hay otra cara de la moneda que debe corregir. No sabe rubricar el dominio en el resultado. Aquí irrumpe la desconfianza y los dolores de cabeza antes detallados.
Central tiene que mostrar síntomas de crecimiento en Sarandí. El rival más allá de tener la cabeza en la Copa es astuto y le planteará varios crucigramas por resolver en cada sector de la cancha. Las respuestas tienen que aparecer con letra auriazul.

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