La calma es uno de los mejores aliados, generalmente en momentos en los que no permitir la aceleración de las pulsaciones suele generar buenos dividendos. Hay un dato para nada menor...
Es difícil encontrar a algún jugador de Central que se aparte del discurso del paso a paso, del escalón por escalón, del que los tres puntos más importantes son los que vienen. No es raro que esto suceda. Mucho menos se podría decir que está mal. Todo lo contrario. Es parte de ese comportamiento y sentimiento conservador en el que se depositan todas las miradas.
Por supuesto que el optimismo tiene su sustento bien ganado. Creer que el hincha hoy puede darse el lujo de escudarse en el bajo perfil es sólo una pata de la cuestión. Muchos, los más osados por cierto, creen que nada podrá hacer descarrilar a este grupo del objetivo.
Pero hay quienes no lo sienten así, o al menos no lo expresan. Esos son los jugadores y el cuerpo técnico. Y todo eso es lo que forma parte de ese comportamiento medido, cargado de realidad, pero ajeno a cualquier sensación que pueda caer en saco roto y propiciar una nueva frustración.
Sí algunos ingredientes de cosas que pasaron hace muy poquito tiempo le dan la derecha al grupo. Hoy, a priori, resultaría mucho más sencillo no desenfocar el objetivo. Precisamente porque la realidad es diametralmente opuesta a la que se vivía en aquellos días turbulentos en los que los resultados no se daban y las presiones crecían minuto a minuto. ¿Hace falta recordar, por ejemplo, el triste episodio ocurrido en el playón de estacionamiento del Gigante, con algunos barras y un par de jugadores a las trompadas después de un partido?
Hoy todo eso parece lejano y, si se toma este presente como referencia, aquello hasta suena inverosímil. Pero fue un punto de apoyo más desde donde este plantel tomó impulso para fortalecer sus creencias y convencer desde el juego y, sobre todo, desde los resultados.
Por si todo esto no resultara del todo claro, nada mejor que echar mano a una declaración de Miguel Angel Russo después del triunfo del lunes ante Nueva Chicago. "Hemos sufrido mucho y nos hicimos muy fuertes. Sólo nosotros lo sabemos. Y para eso había que tener mucho temperamento. Pero falta mucho. Este es el torneo más largo del mundo". Tan claro como repetitivo. Es que es el propio entrenador el que día tras día se encarga de apuntalar y hacer cada vez más creíble ese discurso.
Las cuentas son lo suficientemente sencillas como para saber qué posibilidades tiene este equipo de alcanzar ese objetivo que hace ya más de dos años le viene siendo esquivo. De ahí a que alguien traspase la raya de la cautela hay un largo trecho. Es común en todos los planteles (da lo mismo por lo que se pelee) y en cualquier club.
Acá la cuestión pasa por la coraza que este grupo supo construirse y en la que se apoyó para salir indemne en momentos críticos. A esa situación particular sí nadie podrá tomarla como aleatoria. Russo pide calma y sus jugadores comulgan con ese mensaje. Lo que nadie puede poner en tela de juicio es que esa calma hoy es mucho más fácil de domesticar.
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