La certera sensación de que el trayecto por recorrer todavía es mucho va encontrando puntos de inflexión, que cada vez son más pronunciados y que obligan a achicar al máximo el margen de error.
Aquel empate cosechado en Isidro Casanova ante Almirante Brown sirvió de poco teniendo en cuenta los resultados de los equipos que están en la pelea de arriba. Pero al menos aportó un pequeño grano de arena para calmar un poco las aguas después de una semana tremendamente agitada desde lo político, que terminó con la renuncia de Gonzalo Belloso a su cargo de mánager.
Pero lo hecho, hecho está. Y no sólo por ese partido, sino por todo lo realizado en el torneo. Que el equipo de Miguel Angel Russo no esté con las narices puestas en la lucha que todos quieren protagonizar es hasta aquí, sin temor a equivocaciones, una verdadera piedra en el zapato. Una realidad tan real como cruda. No alcanza con pensar, sentir o decir que este equipo está en condiciones de dar más. Por la sencilla razón de que está obligado a hacerlo.
La semana de trabajo para el técnico no fue del todo sencilla. Es que esta vez se especuló más que nunca con lo que tiene que ver con el equipo a poner en cancha. Pero no importa que falte algún jugador, muchos menos que aparezcan algunas caras que no venían con demasiado rodaje. Hoy Central es un todo, en el que ninguna parte cuenta con la capacidad de salvarse por sí sola.
No es tiempo de decir que todavía hay tiempo porque, precisamente, el tiempo se acota. Central, sus urgencias y una nueva batalla contra el tiempo.
Comentá la nota