El resultado nunca se discute. Se pueden objetar ciertos elementos adyacentes que hacen al mismo, pero no más que eso. Y en esto hay que enmarcar que el obtenido por Rosario Central el...
Toledo: "El agua bendita por suerte dio resultado"
El resultado nunca se discute. Se pueden objetar ciertos elementos adyacentes que hacen al mismo, pero no más que eso. Y en esto hay que enmarcar que el obtenido por Rosario Central el pasado lunes contra Olimpo sirvió en pos del objetivo porque mantuvo la ventaja sobre todos los de abajo, al menos hasta que jueguen Sarmiento y Banfield. Pero el análisis no pasa por ahí específicamente, sino por las dos caras que mostró el equipo de Miguel Angel Russo en su última puesta en escena. Una, dicho por su propio entrenador, emparentada con "lo mejor" que hizo el Canalla en el torneo. La otra, más afín a una imagen desdibujada, como hacía un buen tiempo no se daba.
En el análisis final hay una sensación que pesa más que la otra. Porque la bronca por haber dejado en el camino dos puntos que bien pudieron haber resultado clave en eso que en Central tanto anhelan no termina invalidando la otra faceta, la numérica, la que habla de que por delante hay una fecha menos y que el cuadro favorable no sufrió modificaciones.
El tema pasa por las desatenciones que aparecieron después de mucho tiempo. Es que este Central se había acostumbrado a entregar una imagen de equipo sólido, sin intenciones claras de entregarle facilidades al rival y en el último partido flaqueó en ese sentido, aun teniendo en claro la capacidad de reacción después exhibida.
Después de lo que fue la victoria contra Chicago, Mauricio Caranta habló de que en el Nuevo Gasómetro había sonado una alarma. Lo hizo en relación a la falta de capacidad (en ese partido) para manejar el juego con mayor solvencia después de estar dos goles arriba. Muchos de sus compañeros coincidieron con ese razonamiento.
El lunes sucedió algo similar, pero en otros ámbitos. En el de las desinteligencias defensivas, en el de la mala cobertura de los espacios en el retroceso y también en la poca lucidez para ir en busca del empate de una forma ordenada y paciente. ¿Fue un nuevo toque de alerta? "Lo que nos reprochamos contra Chicago fue no tener un mayor control del partido estando 2 a 0 y en este cometimos algunos errores, pero creo que ahora hicimos un buen partido", razonó Paulo Ferrari cuando se lo consultó al respecto.
Estas palabras están más enfocadas al vaso medio lleno. Y no está de más resaltarlo. Los números dicen que, hasta aquí, Central es uno de los equipos más serios del torneo, algo que fue refrendado desde el juego, especialmente en el segundo tiempo.
Es difícil no coincidir con Russo en esto de que se trató de uno de los mejores partidos del campeonato (siempre tomando como parámetro el complemento). Porque al escolta se lo superó sin dejar margen para la duda.
También es difícil desde el resultado no entender que fueron dos puntos que se dejaron en el camino, pero hoy lo que los propios protagonistas resaltan es esa capacidad de reacción.
Vale un dato: en la racha de 12 victorias consecutivas con la que llegó el Canalla al encuentro contra Olimpo, nunca había estado abajo en el marcador. Una virtud vista de un lado. Del otro, un impedimento en el hecho de saber si este equipo tenía las armas para reponerse a la adversidad. Y las adversidades (un gol en contra a los tres minutos y la lesión de un jugador) fueron claras y notorias.
Hoy la satisfacción de Russo debe pasar por saber que su equipo no sólo está en condiciones de abrir y cerrar los partidos por su propia cuenta, sino también por sentir que ante un golpe no hay resignación. Lo de los errores cometidos, también debe pasar por el tamiz.
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