El ejemplo no es una exageración. No vaya a pensarse que el equipo de Miguel Angel Russo sufrió un baile de novela y por tal motivo se fue abatido de Victoria con un 4 a 1.
Si se piensa en el boxeo, Central ofreció la guardia baja y Tigre lo mandó a la lona con cuatro golpes certeros. El ejemplo no es una exageración. No vaya a pensarse que el equipo de Miguel Angel Russo sufrió un baile de novela y por tal motivo se fue abatido de Victoria con un 4 a 1. Nada de eso. Si hasta lo ganaba con el gol del Trencito Valencia. Pero la causa de tal derrumbe, no la única aunque sí la fundamental, se debió a lo mal que se defendió. Tanto que dejó pasar la oportunidad de fortalecerse con otra actuación convincente como la que dio contra San Lorenzo hace seis días.
Como si se tratase de una continuidad del encuentro que igualó con el Ciclón en el Gigante, Central la movió con criterio desde el inicio. La pelota pasaba habitualmente por Barrientos en la gestación y por un movedizo Jonás Aguirre, ya sea por izquierda o con diagonales desde su sector hacia el medio.
Aproximándose poco, el conjunto de Arroyito era más. Y en la mejor acción colectiva del partido, Barrientos la inició, buscó la pared y su centro bajo lo capitalizó el colombiano Valencia para el 1-0, con una mediavuelta que tuvo la complicidad de la débil marca de Canuto.
A este Tigre de capa caída era lo peor que le podía suceder. No funcionaba y encima perdía 1 a 0. Suponer qué hubiese pasado si Aguirre no le entraba tan mal y le erraba al arco tras recibir un remate defectuoso es una conjetura a esta altura sin sentido.
De todos modos, el panorama era óptimo para el canalla, aunque no para dar por descontado un triunfo. Más aún con Becker sin el protagonismo de la fecha anterior, Aguirre ya no siendo el de los primeros pasajes, Cachete Acuña empecinado en pasar a todos y Valencia perdiendo con los centrales rivales.
Entonces fue así que un inofensivo Tigre, con un escaso poder de gol y que daba escasas señales de reacción, se encontró con los obsequios de la última línea visitante. El mal cabezazo de un solitario Wilchez había sido la primera advertencia. La siguiente, la tapada en el primer palo de Caranta a un tiro desde corta distancia de Godoy.
Central perdía las marcas y así fue que Rincón corrió en soledad, con el intento vano de Donatti por dejarlo en posición adelantada. El colombiano se demoró y hubo tiempo para atorarlo, pero Acevedo se pasó de revoluciones y lo tocó. Penal y empate del Chino Luna.
El impacto lo sintió Central, y qué decir en el adicional del primer tiempo, con el tiro libre de Wilchez, el salto de Luna y Ferrari metiendo la cabeza para superar al propio Caranta.
En un puñado de minutos el equipo de Russo tiró todo por la borda, aunque le restaba el segundo tiempo para revertirlo. La realidad es que lo regaló con un desacierto tras otro. Antes de que Central continuara equivocándose feo, Becker mostró su pegada por única ocasión, a los 9’ del segundo período, y metió un tiro libre en el ángulo superior derecho de un Javier García que sólo atinó a quedarse mirando.
Después, llegó el golpe letal, para no levantarse más. Donatti cerró una pelota larga y la cubrió para que saliera Caranta. Pero el defensor calculó mal, Rincón trabó con el uno y la empujó al fondo.
El gol de Nicolás Bertoglio para el cuarto de Tigre no cambió nada. Central dio todas las ventajas y el resultado está a la vista.
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