El conjunto dirigido por el DT interino Hugo Galloni ganó se impuso al Taladro con goles de Lazo y un doblete de Niell. La mala noticia fue la grave lesión del capitán Paulo Ferrari.
Confirmado: una imagen vale más que mil palabras. Corrida de Niell en una pelota que parecía perdida, gol del Enano y con él, el triunfo y un festejo loco de todo el banco canalla metiéndose en el campo de juego. De esa imagen se trata. Esa es la postal que le pone contexto a este final de torneo para Rosario Central. Es que esta victoria no es una más. Es una victoria que llega en un final de campeonato decididamente pobre y con las heridas aún a flor de piel por aquella final perdida en San Juan. ¿Está mal recordar ese hecho? Todo lo contrario. Es esa caída ante Huracán la que hizo que el ingreso manso de la pelota tras el toque de Niell se festejara con tanta vehemencia. Fue el mimo del final para un grupo aún dolido, para un DT interino que hasta aquí nunca había podido ganar en esa función, para los más grandes y también para los Gómez Andrade, los Salazar, los Montoya, los Da Campo, los Cervi, los Elías Gómez, los Lazo, los Migone y algunos otros, a los que todavía les falta mucho, pero que debieron aparecer para poner la cara en el momento, por lejos, más duro del año. Para ellos tal vez haya sido más especial que para cualquier otro.
Es imposible que alguien pueda sentir una alegría plena por despedir el año de esta manera, con tres puntos bajo el brazo. Sí podrá aparecer esa sensación de alivio por la crueldad del pasado. Y ahí, el orden y las ganas del primer tiempo, más el temple del complemento para remontar la situación aparecen en su real dimensión.
Casi que no cuenta o, en el mejor de los casos, no resulta necesario hablar del partido que Central planteó en cancha de Banfield. Pero no está de más hacerlo. Es que desde el orden del medio hacia atrás y en la movilidad de los tres cuartos en el otro hemisferio de la cancha es que el Canalla tuvo todo para liquidarlo en esos primeros 45’. Anotó Lazo (8’) y pudieron haber algunas otras conquistas más. Pero la inexperiencia también cuenta.
Eso fue precisamente lo que le dio vida a un Banfield que defendió de una manera casi amateur, pero que igual se las ingenió para torcerle el brazo a un Central que rápidamente entregó la sensación de un equipo al que los golpes de Salcedo (de penal, a los 49’) y Cazares (65’) le iban a resultar letales.
Encima la lesión de Ferrari. Era una película ya vista. Con un actor al que le habían dado el rol protagónico pero que, otra vez, terminaba siendo una figura de reparto. Pero el instinto de superación esta vez tomó forma. Niell la clavó primero de cabeza (70’) y a minutos del final metió otra corajeada que le dio al Canalla tres puntos que le permitieron superar la línea de las 20 unidades, lo que es un objetivo demasiado flaco por donde se lo mire.
No hay herida que pueda cerrarse con esta victoria. Sí se evitó que alguien más echara una pizca de sal sobre la misma. Sólo desde ese punto de vista se entiende y se comprende ese festejo alocado de los que estaban en cancha y de aquellos que saltaron desde el banco para meterse en el campo de juego. ¿Un festejo excesivo? Puede ser. Pero sonó entendible. Al pasado reciente no hay nada que pueda taparlo. Igual, vale el maquillaje.
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