Misteriosa desaparición de al menos 36 equipos de telefonía móvil que estaban guardados en un armario, dentro de un despacho. El caso es investigado por la Justicia a partir de la presentación de una denuncia.
A los 22 equipos de GNC que se esfumaron sin dejar rastro, y los controladores satelitales que siguieron idéntico camino, ahora se suman 36 celulares que estaban en la Secretaría Privada del Palacio Municipal y trocaron ese domicilio por otro que, hasta el momento, resulta desconocido pero se adivina sospechoso.
La denuncia radicada ante la fiscalía de turno, a cargo del fiscal Ángel Quidiello, fue realizada por la empleada municipal Mariana Laura Echeverría, quien descubrió el faltante en un armario del despacho en cuestión.
Más allá del valor económico, desconcierta con que facilidad pasan a “mejor vida” objetos valiosos dentro de un edificio que, se supone, debe estar controlado, ya que ahí moran no sólo las máximas autoridades de la ciudad, sino documentos y otros valores esenciales para la vida de los juninenses.
Un celular puede ser camuflado sin mucho esfuerzo, tres docenas demandan cierto grado de logística y un relajo inadmisible (o complicidad) en quienes tienen a su cargo la custodia del edificio más importante de la ciudad.
Enemigos íntimos
Sin duda, la administración de Meoni no sólo tiene coladores, sino enemigos íntimos que caminan los pasillos del edificio de gobierno. Primero, ¿cómo sabían que estaban ahí? Segundo, ¿de qué manera lograron sacarlos?
De las averiguaciones que realizamos surge la remota posibilidad de que hayan sido trasladados a otro lugar vaya a saber con qué fines; teoría que si se comprueba, en lugar de aliviar, debería indignar el doble. Porque si el traslado existió, la falta de constancia hizo que se recurriera a la Justicia.
Cuando este tema llegó a la redacción, no pocos opinaron que se trataba de algo menor que no merecía tinta. Después de todo, el robo (o hurto ya que fue sin violencia) de celulares no tiene entidad suficiente como para convertirse en noticia, al menos en noticia principal de un diario. Contrariando a varios, expresé que mi opinión iba exactamente en otra dirección.
Caballito de batalla
Hace años, en la Facultad de Filosofía y Letras, un gran profesor de crítica literaria hizo una afirmación que con el tiempo se convirtió en mi caballito de batalla preferido: A los grandes libros se entra por las grietas pequeñas. ¿Por qué? Las grandes obras de la literatura universal son parecidas a las gobernaciones y ministerios; elefantes blancos dentro de los cuales es muy difícil moverse sin terminar perdido o agotado hasta la rendición (algunos empleados parecen zombies que deambulan por los pasillos). Claro que siempre quedan hendiduras, espacios que escapan a la mirada todopoderosa del escritor y a través de los cuales, con paciencia y capacidad de deducción, es posible llegar al corazón mismo de la obra.
La desaparición de los celulares que fue denunciada esta semana, es una grieta menor que desnuda la fragilidad de una institución que, por representarnos a todos, debería ser imponente y, en la medida de lo posible, inexpugnable. También podría estar indicando otras lecturas peores, obvio. Por ejemplo, que los ya míticos coladores de Meoni siguen haciendo de las suyas sin que nadie pueda ponerles freno.
Robar cómodamente
en los jardines del
Intendente
En su libro “Flores robadas en los jardines de Quilmes”, Jorge Asís escribió lo que sigue: “Esto es culpa de los carnavales, Samantha, esto en un día común no pasa, en un día común un poeta puede cómodamente robar una flor en cada uno de los jardines de Quilmes, el mejor sitio para robar flores, rosas o jazmines, claveles o nenúfares”.
Pues bien, si sumamos los 22 equipos de GNC que permanecen en una nebulosa, los controladores satelitales y este nuevo lote de teléfonos celulares, el texto de Asís podría reformularse así: “… en un día común un ladrón puede cómodamente robar en los jardines del Intendente, el mejor sitio para robar tanques de GNC, controladores satelitales, teléfonos celulares y quién sabe cuántas cosas más de las que no tenemos ni noticias”.
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