Se celebró el Domingo de Ramos en la ciudad

Se celebró el Domingo de Ramos en la ciudad
La celebración comenzó a las 11 y se inició en una tarima montada en Hipólito Yrigoyen y San Martín desde donde se leyó el Evangelio y se realizó la aspersión con agua bendita de los ramos de olivos. Luego en procesión se llegó hasta el altar montado en las escalinatas de la Catedral. La multitud de fieles se ubicó en el borde de la fuente, la mitad de la plaza y por Mitre y desde allí siguieron toda la eucaristía.
En el inicio de su homilía, el Obispo Monseñor Antonio Marino resaltó la importancia de estos días de la Semana Santa, “una manifestación mayor de esa misericordia nos espera. Es por cierto legítimo vincular con el descanso los feriados de los próximos días santos. Pero qué pobreza espiritual sería la nuestra, si los dejáramos pasar como días de simple turismo mundano, sin intensificar nuestra oración, sin procurar renovarnos mediante la gracia de los sacramentos y la participación fervorosa en los diversos actos de piedad. En estos días se contiene la respuesta a las preguntas más importantes de la vida. No los dejemos pasar sin que dejen una huella en nosotros”.

En su discurso, Marino remarcó, “hoy como ayer se intenta enmudecer la voz de los discípulos de Cristo. A algunos les molesta que la Iglesia predique las consecuencias que la fe en Él tiene para la sociedad y sus leyes. En los medios de comunicación masiva, hemos oído decir con frecuencia que la Iglesia con sus doctrinas sobre la vida, el matrimonio y la familia, que considera inmutables, se aleja cada vez más de la gente. Lo mismo sucede con otros aspectos de su disciplina sacramental y de su enseñanza moral. De ahí que seamos invitados a ‘modernizarnos’ y a cambiar para no perder vigencia”. “La vigencia de la Iglesia en la sociedad no sigue los moldes mundanos. Jesús no vaciló en quedarse solo, aunque aquellos que Él había elegido lo abandonaran y el mismo Pedro lo negara. Ni sus propios discípulos lo entendieron” añadió el prelado.

Finalmente haciéndose eco de la alegría del pueblo argentino respecto a la elección del Papa Francisco, Marino enfatizó “la conmoción y la euforia iniciales deben ahora transformarse en compromiso. ¿De qué nos serviría este legítimo orgullo si no lo tradujéramos en promesa de una vida de fe y de fidelidad al Evangelio? Y puesto que la fe se fortalece dándola, sepamos que el Bautismo y la Confirmación nos obligan a transmitir a los demás la riqueza de la fe que tenemos, primero con nuestro ejemplo y después con la palabra”.

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