Da muchas vueltas el mundo de la Fórmula 1. Vueltas que hacen, entre otras tantas cosas, que personajes que se aliaron por conveniencia, cuando ya no hay tanta conveniencia sacan sus miserias a la luz, lo que no los inhabilita para agruparse otra vez cuando nuevas conveniencias así lo requieran. Lamentables actitudes que se potencian en un ambiente con tanto dinero e intereses en juego.
Hubo acuerdo entre Mosley, Ecclestone y Ferrari, presidido por Luca di Montezemolo. Un oscuro acuerdo que compró la fidelidad de Ferrari a las huestes oficiales con 80 millones de dólares extra por cada Copa de Constructores ganada. El sí de Ferrari a Ecclestone y el no a los demás equipos hizo diluir el proyecto de F 1 paralela.
Aquel silencio que seguramente comprometieron las partes en el 2003 lo quebró Ecclestone con su revelación. Lo hizo ante un Montezemolo que lo calificó de dictador y que, empujado esta vez por los equipos a los que en el 2003 dio la espalda, solicitó una mejor distribución de los ingresos que actualmente se dividen en partes iguales entre los equipos y la CVC Partners, la accionista principal de FOM, la empresa manejada por Ecclestone...
Desde la inimputabilidad que le da su poder, su dinero y hasta su edad (78 años), Ecclestone se atrevió a romper ese código de silencio conque se sellan estos acuerdos. Pegó fuerte y no lo perturbó que le cabía buena parte de responsabilidad. Tampoco Montezemolo se conmovió mucho por la dura acusación que salpicó el prestigio de Ferrari. Prometió seguir adelante con sus pedidos. Por ahora, así están enfrentados, pero solo hasta que los vuelvan a juntar nuevas conveniencias.
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