A poco más de 24 horas de decretarse el alerta roja, el gigante macizo no registró cambios. Los evacuados esperan regresar cuanto antes a sus casas. Quieren reanudar sus actividades y devolverle la vida a la villa.
El camino de acceso a Caviahue tiene dos puestos de control a cargo de Gendarmería Nacional para evitar el ingreso, mientras un móvil policial recorre los prácticamente 30 kilómetros que la separan de Loncopué, anfitriona hoy de gran parte de sus habitantes.
La visibilidad es menor a los 200 metros, razón por la cual se advierte la llegada a la ciudad cuando se vislumbra el lago Caviahue en el flanco derecho.
Un viento blanco domina sobre una villa vacía cubierta por una intensa nieve que comenzó a asentarse a última hora del lunes. Por las calles deambulan algunos perros que salen de su letargo al encuentro de los ocasionales visitantes cuando escuchan que el ruido de un motor se les acerca.
Las casas están tal como las dejaron sus propietarios. Muchas de ellas con las cortinas abiertas. También se observan herramientas abandonadas en el hall de entrada de alguna vivienda y hamacas cubiertas de blanco producto de la primera nevada intensa del año. Como si se tratara de una ausencia breve, de unas cuantas horas.
Mientras uno observa este escenario, sus dueños aguardan a pocos kilómetros que se levante la alerta roja y puedan regresar a sus hogares, a su rutina diaria. “Ojalá podamos volver pronto”, dice en voz alta Adrián Torres, un joven que trabaja en el Parque de Nieve como guía de acceso al volcán Copahue, el mismo que amenaza con una inminente erupción.
“Desde el año pasado empezamos a ver la disminución del agua del cráter. Creo que el 20 de junio fue la última vez que subimos al volcán con gente. Ahí vimos el cambio en el cráter. Solía tener una suerte de pequeña laguna en su interior, pero ésta se empezó a secar”, cuenta Torres, quien agrega que en diciembre ya estaba prácticamente seco. “Subí en marzo, para Semana Santa, y ahí ya no quedaba nada. Sólo se veía que por el costado estaba largando un humo azulado”, recuerda el joven, mientras almuerza en la Escuela 168 de Loncopué, junto a otros evacuados que se alojaron en casas de familiares, amigos o conocidos.
“La temporada empezaba a mediados de junio, ahora no sé si empezará”, esboza el joven, mientras que uno de sus compañeros de mesa admite que siente algo de temor ante el fenómeno natural del volcán. “Es un miedo por perder lo poco que tenemos”, suma Enrique Vargas, quien trabaja y estudia en la villa.
Cuentan que estaban alertados por los simulacros que tuvieron en estos últimos meses, como así también por la información que recibieron, la observación de la naturaleza y porque a veces se sentían en el pueblo ráfagas de olor a azufre. Pero dicen que esta vez no fue igual que la erupción de fines de diciembre de 2012, cuando de repente, en una mañana soleada, una nube blanca dominó el volcán. Ahora esperan volver pronto; eso es lo que se escucha en cada mesa dispuesta en un sector de la escuela próxima a la Municipalidad de Loncopué.
Margarita Millaín vive frente al lago Caviahue. Comenta que salió junto a la abuela, las hijas y los nietos en cuanto se dio la voz de alerta. “Salimos los 9 inmediatamente, dejamos la casa como estaba en ese momento. Sólo trajimos ropa para unos días. Del gimnasio nos fuimos anoche a quedarnos a la casa de unos familiares. En realidad hay mucha gente que tiene familia acá. Aunque también se dio el caso de que muchas personas vinieron a ofrecer su propia casa”, comenta agradecida.
La abuela Matilde come junto a ella. Es de la comunidad Millain Currical, del paraje Huncal, y había ido a Caviahue a darse unos baños porque dice que los necesita, pero sólo pudo darse uno.
Margarita no pierde las esperanzas. Admite que el temor de que la lava llegue hasta la casa está latente. “Somos conscientes de la situación, pero creemos que no va a pasar nada, que Dios va a tener compasión”, comparte en voz alta ante la atenta mirada de su familia.
Pasaron más de 24 horas y el panorama es similar al del lunes, cuando se decretó el alerta rojo y se dictó la evacuación de toda la localidad. Pasaron más de 24 horas y la calma reina entre los habitantes que, obligados, abandonaron sus casas. Pasaron más de 24 horas y el silencio manda en Caviahue, localidad que espera el guiño de la naturaleza para abrazar cuanto antes a sus más de 600 habitantes y recuperar la movilidad que la caracteriza.
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