El intenso olor a mar, los barcos anaranjados, los puestos donde comprar pescado fresco, el rumor de los astilleros trabajando y, por supuesto, el sinnúmero de lobos marinos que pasean por los muelles son algunos de los atractivos del puerto marplatense que lo convierten en un sitio obligado de visita.
Any, como cuenta que la llaman, todavía se escapa seguido al puerto: "Para mí sigue siendo uno de los sitios más bellos de Mar del Plata. Durante muchos años, por lo que se llamó la `crisis de la merluza`, estuvo muy parado, por eso es un placer recorrer y escuchar este ruido de fondo de los astilleros trabajando, hace unos años había un silencio ensordecedor".
La cultura portuaria se respira a cada paso. Las familias de los pescadores de altamar, de media altura y de las lanchas, viven por la zona y también habitan por allí la mayoría de los trabajadores de los cientos de comercios del lugar.
Todos ellos construyen un mundo propio con una identidad como no tiene ningún otro barrio marplatense.
De esa enorme entidad que constituye "el Puerto", conformada por la zona costera pero también por un barrio con un importante centro comercial sobre la calle 12 de Octubre, los mayores atractivos se dan sobre la banquina de los pescadores -donde se encuentran los barcos anaranjados- y la escollera sur que se interna tres kilómetros en el mar.
En la punta de la escollera se encuentra un restaurante con forma de barco pero la postal es, sin duda, la estatua blanca de más de tres metros de Jesús con los brazos abiertos, conocida como Cristo Salvador.
"Hubo un gran debate sobre qué imagen poner en la punta de la escollera porque aquí hay muchas colectividades y cada una tenía su patrono, entonces el padre Dutto propuso poner a Cristo para darle la bienvenida a todos los pescadores", explicó a Télam María, vendedora de la santería de la Gruta de la Virgen de Lourdes (una de las patronas de los pescadores), ubicada sobre la calle que desemboca en la banquina de los pescadores.
Este es sólo uno de los locales donde se pueden comprar recuerdos marplatenses y, lógicamente, a diferencia del resto de los puestos que trabajan con locales, ellos dependen mucho del turismo.
“Por suerte hay movimiento todo el año, lógicamente nunca como en verano; pero durante el invierno viene mucha gente también y tenemos los viajes de egresados. Lo bueno que tienen estos locales es que ofrecen cosas económicas como para poder llevar un presente sin gastar demasiado”, detalló.
Sobre esta misma callecita, del lado de enfrente de los locales de recuerdos, están las vedettes de la cuadra: los puestos de pescado fresco.
“Este año tenemos la impresión de que hay más gente que vino desde el 24”, comentó Graciela, quien atiende en una de estas denominadas “marisquerías”, aunque venden todo tipo de pescado fresco de lunes a domingo.
Recién salido del mar, el pescado es preparado por los fileteadores y puesto a la venta sin ser congelado en ningún momento y esto es venerado por los consumidores quienes, desde todos los puntos del país, se acercan a comprar con sus heladeritas o recipientes conservadores de telgopor.
Giuseppe, un italiano que toca el acordeón junto a su hijo en la banquina, también es parte del folclore del puerto marplatense: "`O Sole Mío` la canta por lo menos menos una vez por día, y la gente se re engancha, es un clásico", describió Graciela.
A 1.200 metros de la banquina, sobre la escollera sur y antes de llegar al Cristo Salvador, se encuentra la reserva de los lobos marinos de un pelo, donde residen todo el años uno 800 animales de esta especie, convirtiéndose en el atractivo preferido de los chicos y también de algunos mayores.
"Si bien están allí la mayor parte del día, a la tarde cuando bajan los pescados de los barcos de media altura, se vienen todos para la banquina a comer. Además tenemos dos que están siempre de este lado y a los que les pusimos nombre", describió Diego, un joven de 19 años que es parte del emprendimiento familiar que desde hace medio siglo ofrece dos barcos de paseo y dos de pesca deportiva.
"El paseo en estos barcos, al estilo catamaranes, dura una hora en la que se recorre el interior del puerto y se llega hasta Cabo Corrientes, pasando por la Base Naval, el Golf y la parte operativa", describió el joven quien sostuvo que "el puerto es visitado por gente de todas partes del mundo".
Al ser consultado sobre qué es lo que más llama la atención del paseo, Diego aseguró que "a muchas personas lo que más las conmueve es navegar por el mar, pensá que hay gente que viene de Salta o Jujuy y que nunca habían si quiera visto el mar".
Finalmente, frente a donde están los lobos hay un acceso a la "Playa del Puerto", donde uno puede darse un chapuzón para ir fresco a comer unas rabas o mariscos al circuito de restaurantes que se encuentra a metros de la banquina y de la escollera sur.
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