La paupérrima prestación de los servicios públicos en Catamarca deriva en situaciones insólitas. Cada vez que ocurre un fenómeno natural, los servicios de agua potable y de energía colapsan sin la necesidad de que caiga una gota de agua. Basta con algunas ráfagas de viento para que los usuarios queden a la deriva.
Lo mismo sucede con la energía. Desde EDECAT, sus directivos muchas veces responsabilizan a las "condiciones climáticas" y a la naturaleza impiadosa por los inconvenientes provocados a los usuarios.
Sea como sea, lo cierto es que nunca nadie tiene la culpa. Mejor dicho, nunca los verdaderos responsables se hacen cargo de sus funciones.
Si bien podemos darle un sesgo de certeza a la frase que reza: "a la madre naturaleza es imposible controlarla"; lo cierto es que para contrarrestar esto existe justamente la "previsión". O sea, estar prevenidos para cuando algo de eso suceda. Los países del Primer Mundo invierten millones y millones de dólares y euros en prevensión.
Entonces, podemos decir que aquí, en el plano de la "previsión", si existen, inexorablemente, los responsables. Y ellos son, ni mas ni menos, los funcionarios a los que el pueblo les paga el sueldo, encargados de llevar adelante políticas que permitan el desarrollo de la provincia.
La no previsión roza con la incapacidad, con la ineptitud y la ineficacia de quien o quienes tienen la responsabilidad de administrar la cosa pública, en este caso, los servicios.
La recurrente apelación a la naturaleza como la responsable de los males de los usuarios no es otra cosa que caer un facilismo propio de quien no es capaz de dar las soluciones que corresponden. La falta de previsión si tiene responsables.
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