La extraña afición por atesorar oro, joyas, o simplemente dinero, fue un morboso privilegio de las monarquías, sin embargo en un país en crisis como Argentina la desigualdad y el fracaso de la distribución de la riqueza deja a la vista a determinadas “castas” exhibiendo groseramente en sus suntuosas casas, autos, joyas, etc.
Existen regiones completas sumidas en la desigualdad que abarcan varias provincias, el Sur y el Centro del país con los mejores ingresos y las regiones del NEA o el NOA con una pobreza disimulada por las estadísticas oficiales. A través de planes sociales entre otros subsidios del estado que no alcanzan a cubrir las necesidades básicas de una familia.
Lo razonable sería que en estas ciudades el bajo nivel de ingresos se manifestara en bienes que lejos estuvieran de ser suntuosos, lejos estuvieran de una exhibición al estilo de las monarquías por el sencillo hecho de que tarde o temprano resaltaría al revelarse como una grosera ostentación.
Sin embargo, la nueva casta de ricos en provincias pobres en general resultan personas desempeñándose en la función pública y que han multiplicado sus patrimonios de manera milagrosa en sus años de empleo público.
Difícil resultaría relacionarlos a sus incontables bienes por una indescifrable telaraña de testaferros pero no son los únicos, se suman contratistas del estado, gremialistas complacientes y “punteros” a los que no se puede atribuir ninguna función específica.
Así trascienden por ejemplo los “hijos de”, algunos de ellos incursionando en competencias automovilísticas con costos exorbitantes y creando verdaderas escuderías para participar en los circuitos “Top” de la región y el país. Y esta segmentación en un determinado artículo no es casual porque uno de los bienes suntuosos preferidos por los “nuevos ricos en provincias pobres” son los automóviles de alta gama.
Descollan al circular por las calles formoseñas pero los más desprevenidos lo toman como turistas, de otras ciudades. Los más conspicuos saben de quien se trata y los más inocentes publican fotos en el facebook provocando el “escrache” llenos de indignación.
Sin embargo y al borde de la redundancia, el laberinto de testaferros trabaja como una pared que repele toda intención por individualizar al verdadero dueño.
Pero los datos están:
Entre el año 2011 a la actualidad las ventas de los autos de alta gama han bajado el 100% debido al impuesto aplicado por el gobierno nacional, sin embargo antes de esta parálisis de lujo, hubo registros muy curiosos.
Uno de ellas fue la venta de Jaguar, un vehículo británico del cual, según registros del SIOMAA (Sistema de Información Online del Mercado Automotor de Argentina) perteneciente a ACARA (Asociación de Concesionarios de la República Argentina) se llevan vendidos en el país solo 7 vehículos hasta la actualidad.
No es para menos, su costo es de aproximadamente u$s 180.000, lo que en pesos sería al cambio oficial más de $1.500.000 sin eventualmente considerar el dólar “blue”
Pero el dato no es el precio sino una particularidad, uno de esos 7 Jaguar británicos del total vendido hasta la actualidad en el país, fue patentado en el año 2011 en la provincia de Formosa.
Hasta aquí el propietario, tras la máscara de un testaferro, posee la particularidad de muchos, forma parte de esa minoría privilegiada entre contratistas, gremialistas, funcionarios y también tiene un hijo “pistero”.
La salvedad es que como en la monarquía, sus “joyas” están ocultas en un galpón bien a resguardo porque el Jaguar no es el único “bólido” que atesora.
Y como aquellos avaros que yuxtaponen el placer por el lujo pero a escondidas, cuando cierra la puerta de su colección, por dentro tan solo disfrutan de la filosofía del tener sin poderlo ostentar. Claro por fuera existe una provincia pobre y marginada, con niveles mentirosos de pobreza, con salarios bajos y falta de trabajo.
Sin embargo el dato está, en Formosa patentaron un Jaguar, como solo hacen los millonarios y poderosos en la Unión Europea.
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