Zajur acusa –entre otras cosas- a Báez de haber torcido y entorpecido la investigación del crimen del empresario pesquero Raúl “Cacho” Espinosa, de incurrir en abusos de autoridad y hasta de haber ocultado pruebas de “manera inescrupulosa y maliciosamente”, obviamente, provocando con todo ello que el caso haya quedado impune.
“No solo se consideró el dueño de la causa y la destrozó a su antojo, sino que se creyó dueño de la Fiscalía y del Tribunal y de la Justicia”, dice tras revelar que se involucró en la investigación del homicidio aportando un “testigo clave”, que después de desdecirse de lo que en su momento había declarado, incriminando a los imputados que salieron absueltos del juicio, terminó muriendo en confusas y sugestivas circunstancias.
El testigo que dice haber aportado Zajur era un informante suyo de apellido Corvelli y fue quien declaró involucrando en el crimen a Domingo Segundo, alias “El Bizco” y a Remigio Guevara. Y asegura que a su declarante le hicieron un ofrecimiento de plata para que no señalara a Guevara en una rueda de reconocimiento de personas.
“El testigo me cuenta que había declarado en presencia del Juez y los fiscales, diciendo lo mismo que me había dicho a mi y que le dijeron que tendría que hacer un reconocimiento en rueda de personas, previo a lo cual se iban a conectar conmigo dado que era la única persona que le daba confianza”, cuenta Zajur.
“Antes que aconteciera dicho reconocimiento –recuerda-, me llama a su casa un amigo haciéndome saber que estaba allí un abogado de la Defensa por motivos personales, no relacionados con la investigación (del crimen de Espinosa), quien quería que fuera para devolverme unos papeles”.
“Una vez en la casa de mi amigo, a la par que dicho letrado me devuelve unos papeles míos, aprovecha la oportunidad para darme un cheque por el importe de unos diez mil pesos, diciéndome que ese dinero era para un testigo que tenía que reconocer a (Remigio) Guevara y que era el precio para que no lo hiciera”, revela Zajur.
“Ante dicha situación, incomoda para mí, le devuelvo el cheque inmediatamente, diciéndole que así no eran las cosas, negándome a recibir ese documento; ante lo que el abogado me pregunta si me parecía poco, y que si querían más, había más”, acota.
“Lo cierto es que Corvelli (el testigo presentado por él) reconoció en rueda de personas oportunamente a Guevara, según tengo entendido. Y a raíz de ello, al día siguiente me llama mi amigo y me dice que el abogado lo había llamado enojado, porque según él, no se había cumplido con el supuesto trato respecto del no reconocimiento de Guevara, cuestión de la que no me hice cargo en forma alguna”, cuenta en el escrito.
Más adelante sostiene -hablando de su testigo-: “A pesar de la contundencia de los aportes brindados en el marco legal correspondiente y bajo juramento, al momento de declarar en audiencia de debate se desdice y argumenta que había mentido al declarar anteriormente por haber sido presionado y por haber recibido dinero. Me pregunto ¿cómo es posible que haya procedido de esa manera durante el juicio, cuando él mismo fue quien argumentó en su momento, al ser visitado por un abogado para torcer su voluntad que no se dejaba coimear, que vivía vendiendo cartón y que era honesto? Además, ¿cómo hizo para inventar la panza de vino de Guevara, y su reloj (cuestión que le interesó a Báez) y reconocerlo sin ningún problema, para aportar los datos del arma, dar detalles de lo sucedido cuando la investigación recién se iniciaba y nadie sabía nada?”, se pregunta el suboficial Zajur en la denuncia escrita presentada al Consejo de la Magistratura.
Más adelante, después de dedicarle unos cuantos párrafos a los movimientos que debieron hacer protegiendo al testigo carga contra el fiscal y lo acusa: “Al tomar conocimiento por medio de los diarios y de la televisión del cambio del contenido de las declaraciones de Corvelli, indignado por falsas imputaciones hacia mi persona llamé a la Fiscalía para que me tomaran declaración. Quise declarar en sede judicial y el doctor Báez me llamó por teléfono diciéndome que me quedara tranquilo, que lo pensara, que tenía que abrir una causa, que la semana próxima en la feria (judicial) arreglaríamos… ¿Arreglar qué cosa? Yo me opuse a arreglar nada, yo quería declarar. Es así que me presenté en tribunales, en la Fiscalía y Báez no me atendió, me mandó a decir con una secretaria que no me atendería alegando que ya había arreglado conmigo, que ya habíamos hablado. Se presentó entonces el doctor Mauricio Baigorria, tratando de calmarme mandado por Báez. Le dije a Baigorria que estaba tranquilo, solo que quería declarar la verdad. Que confrontaran los dichos de Corvelli con mi versión de los hechos, a lo que Baigorria espetó que podría arruinarle la estrategia procesal”.
“Es en ese momento que por teléfono recibe la orden de que me fuera del edificio, bajo la falaz excusa de estar causando desórdenes cuando lo único que pretendía era ser escuchado el doctor Báez mandó llamar a varios compañeros de la fuerza, de la Comisaría Primera para que me desalojaran”, denuncia Zajur
Agrega después: “La cosa no termina aquí, dado que el mismo día pretendo asistir al debate en calidad de oyente, y también me fue impedido ya que el doctor Báez me hizo echar del tribunal porque no le interesaba mi testimonio y bajo el mentiroso argumento de hostigar a los testigos. ¿Qué testigos, si no había nadie en la antesala, además estando ya en la calle, a qué testigos podría presionar, rodeado de policías que impedían mi ingreso? ¿No constituye esto un abuso de autoridad?”, se pregunta el policía y acota: “El doctor Báez no solo se consideró el dueño de la causa a la que destrozó a su antojo, sino que se creyó dueño de la Fiscalía y del tribunal, y de la Justicia ya que me hizo echar de ambos edificios y me impidió testimoniar”.
Finalmente indica Zajur: “Tengo entendido, además, que Báez siendo auxiliar de la Fiscalía firmó el pedido de detención de los empresarios Álvarez, dueños de Conarpesa y luego, sin que sucediera ningún cambio en la investigación, se manifestó en forma contraria y extrañamente caprichosa propiciando sus sobreseimientos”.
“Del mismo modo –sostiene- se desinteresó de los dichos del supuesto hermano de Guevara, que estaba ya detenido en una cárcel, creo que en Batán, de Buenos Aires. Sé poco de Derecho, pero me pregunto si esto no constituye obstrucción o denegación de justicia, al impedirles resolver la situación procesal a unos y a otros conforme a derecho y al impedirme declarar a mí en particular. ¿Cuanto podrían haber contribuido al esclarecimiento de los hechos quienes participaron activamente en la investigación, por caso el doctor Menghini, el doctor Yanguela y los distintos jueces que intervinieron. Seguramente ellos habrían resaltado la labor de inteligencia desplegada por la policía y referenciados para su valoración, los distintos elementos probatorios ignorados por el Fiscal Jefe, el doctor Daniel Báez. Me refiero a todos aquellos que comprometieran la participación y responsabilidad de todos los imputados”.
“Resulta evidente entonces que a Báez no le interesara mi declaración, ya que le podría haber torcido su estrategia procesal, para “torcer y entorpecer toda la investigación”, ignorando toda la prueba de cargo incorporada legalmente. Y es así que termina acusando sin ninguna prueba a Ademar Araujo como homicida de Espinosa, en la convicción de su absolución, al igual que la de todos los imputados”, denuncia el suboficial Zajur.
El extenso escrito que presentó este policía en el Consejo de la Magistratura, del que aquí solo transcribimos sus pasajes mas sobresalientes, no hace más que ratificar lo que en principio denunciaron ante ese mismo organismo los abogados de Lorena Gabarruz, la ultima pareja de Espinosa, y lo que la mujer ratificó después dando inicio al sumario que ahora se le esta sustanciando a Báez por supuesto “mal desempeño” de sus funciones en la investigación y el juicio por el asesinato del empresario pesquero muerto de un balazo que le dio en el corazón el 30 de enero de 2003, cuando junto a su esposa llegaba a su domicilio en Puerto Madryn.
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