Según los planes directores de cuenca que maneja el Departamento General de Irrigación, casi la totalidad del agua de que disponen el Atuel y el Diamante se utiliza para realizar actividades de riego.
Según los datos que aporta el DGI, el 99,58% del agua que eroga el río Atuel está destinada al riego, mientras que solo un 0,35% va a las redes de agua potable y un 0,07% a la industria.
Mientras tanto, del río Diamante, se destina al riego un 97,01% del agua, y un 2,99% se usa en la red de agua potable, mientras que no hay nada destinado para industria.
Entre las demás cuencas de la Provincia, es la del río Mendoza la que aporta mayor proporción de agua potable, destino que ocupa el 15% de las erogaciones, mientras que el 84,1% van a áreas de riego y el 0,9% a las actividades industriales.
El río Malargüe, es el que presenta los índices más dispares de la Provincia. De su caudal se destina el 65,3% para actividades de riego agrícola, el 25,2% para el uso industrial, un 1,4% para el agua potable y un 7,9% para otros usos.
En la cuenca del río Tunuyán, la situación es muy similar a la del Atuel y el Diamante, ya que la totalidad del agua en el tramo inferior se usa en el riego del agro. En la cuenca superior, se reserva apenas un 0,23% para agua potable.
Según explica el Plan de Ordenamiento Territorial de Mendoza, "existe una clara predominancia en la demanda del agua para riego agrícola, en relación a otros usos. La mayor demanda de agua es para riego, representando un 94% de la demanda hídrica total y se localiza en los oasis. La menor demanda corresponde al agua de bebida para ganado, incluida en la categoría 'otros usos' localizada en la zona no irrigada representando menos del 1% de la demanda hídrica total […] En los valores intermedios se encuentra la demanda para agua potable representando el 4,3% y la demanda industrial 1%".
Según los datos publicados en los Planes Directores del Departamento General de Irrigación y disponibles al momento de la elaboración del diagnóstico, el balance resulta positivo en 2.720 hectómetros cúbicos al año, principalmente producto de la oferta subterránea. Sin embargo, el balance positivo existe porque solo se tienen en cuenta las demandas de la superficie empadronada paga. Si a este mismo análisis se le incorpora la totalidad de la superficie con derechos (empadronada), el balance resulta negativo en 2.383 hectómetros cúbicos al año, con baja eficiencia en conducción, distribución y aplicación.
Se señala que los ríos que presentan déficit son, en orden decreciente, el río Atuel, el Tunuyán inferior y el Mendoza.
En este análisis hipotético, se observa que los déficits se dan en las zonas con menor oferta porcentual de agua subterránea, por lo que están muy condicionadas a las aguas superficiales.
Ante esto, se puede concluir que, mejorando las eficiencias del sistema superficial, se influye considerablemente en los balances.
Otro aspecto pasible de análisis sería la posibilidad de aumentar la explotación de aguas subterráneas para estos ríos. De las modelaciones surge que, si se toman demandas unitarias más racionales, resultantes de mayor eficiencia de aplicación (para la misma superficie regada, menos agua), conducción y distribución, el balance es positivo en 2.387 hm3 al año, también gracias a la oferta subterránea. Esto quiere decir que la superficie total empadronada puede ser regada si se alcanzan eficiencias aceptables (disminuyendo las demandas de agua para riego en un 40%).
Los ríos que presentan mayores potencialidades son, en orden decreciente, Tunuyán superior, río Malargüe y río Diamante.
Como conclusión, se puede advertir que, reduciendo la demanda de riego en un 40%, se pueden incrementar otras demandas: agua potable e industrial al doble, ganadería diez veces, o lo necesario, ya que los consumos son mínimos. Asimismo, se podría ampliar la superficie bajo riego a 531.000 ha, es decir, 320.000 ha más que la superficie paga al momento de la elaboración de los planes directores, y 148.200 ha más que la totalidad de la superficie empadronada.
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