Se produjo en el noroeste del país. Fue de 6,9 grados en la escala de Richter.
Es imposible que este desastre no haya sembrado más víctimas, pues fuentes oficiales y testigos reportaron que hay miles de personas enterradas bajo los escombros. Una posible explicación es que el gobierno quiere ofrecer hoy en Beijing todos los datos y a última hora mediante una conferencia de prensa. Quizá por eso la agencia de noticias Xinhua, el único medio por el que el mundo pudo conocer ayer los detalles de la catástrofe, fijó a media tarde la cifra de fallecidos en 400 y sólo de madrugada la aumentó a los actuales 589.
Lo que hace especial este terremoto es lo inhóspito del lugar en el que ocurrió. La provincia de Qinghai, al noroeste del país, es la más pobre de China y es vista como un lugar remoto de escarpados horizontes. El sismo azotó precisamente uno de los puntos más perdidos, la prefectura de Yushu, a 4.000 metros sobre el nivel del mar y muy cerca de la frontera con el Tíbet y el norte de Sichuan.
"Puedo ver heridos por todas partes. El mayor problema es que carecemos de tiendas de campaña, de equipo médico, de medicinas y de doctores", lamentaba Zhouhuaxia, un funcionario de propaganda en Yushu. La peor parte se la llevó Gyegu, un ciudad de 30.000 habitantes donde el 85% de las viviendas se vino abajo con el temblor. Allí las casas están construidas en su mayoría de madera y barro, lo que provoca un índice de derrumbes mayor pero también menos muertos que el ladrillo y el hormigón. "La gente corre por las calles en estado de pánico, muchos heridos tienen la cabeza ensangrentada", narraba un testigo.
El epicentro exacto del terremoto se ubicó en la villa de Rima, a 50 kilómetros de Gyegu, a una profundidad de 33 kilómetros bajo tierra. Sin embargo no fue ese el único temblor. Dos horas antes una sacudida de 4,7 grados avisó de lo que se avecinaba, y desde entonces hubo al menos 19 réplicas. Los sismólogos prevén que haya muchas más durante los próximos días.
"Tenemos que quitar los escombros con nuestras manos, no disponemos de maquinaria para remover los cascotes", aseguraba un improvisado rescatistas. Wu Yong, comandante de la cercana base militar de Yushu, también incidió en la extrema dificultad para sacar los cuerpos: "Las frecuentes réplicas complican mucho nuestro trabajo. De momento hemos instalado tiendas de campaña y estamos dando oxígeno y tratando a la víctimas".
El aeropuerto más cercano, situado a 3.950 metros de altitud, quedó inoperativo a raíz del terremoto, pero pudo ser reabierto a las pocas horas y al menos un avión lleno de rescatistas y equipamiento médico fue capaz de aterrizar. Está previsto que tres aeronaves más lleguen durante el día a la zona, mientras Beijing adelantó que destinará un paquete de emergencia de 29,3 millones de dólares.
Los que no llegan por aire lo hacen a través de las carreteras, también muy perjudicadas. Ayer 700 soldados e incontables voluntarios pudieron salvar a más de 900 personas, y hoy se espera que se añadan a las tareas de salvamento 5.000 rescatistas más. El primer objetivo, aseguran, es salvar a las decenas de alumnos que quedaron sepultados en distintas escuelas, y luego también poder llegar a las aldeas más remotas donde todavía no se conoce la magnitud de la tragedia.
Miles de personas durmieron anoche a cielo descubierto con temperaturas cercanas a -3º centígrados. Muchos tuvieron que buscar edredones y mantas entre las ruinas de sus hogares para no congelarse. Los habitantes de Gyegu se reunieron en el recinto deportivo, sumido en la más absoluta oscuridad debido a la falta de corriente eléctrica. Los testigos afirman que también el sistema de aguas fue cortado tras el terremoto.
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