Casi la mitad de las cuadras sigue sin pavimentar

Un recorrido por diferentes zonas de Aldea Romana, Los Almendros, Patagonia, Villa Serra, Villa Rosas, Spurr e Ingeniero White permite verificar cómo ciertos sectores conservan las mismas características del suelo que pisaron Estomba y los suyos en abril de 1828.
La regla matemática no permite mentir: si Bahía Blanca y su área periurbana tienen cerca de 7.600 cuadras, y sólo unas 4.000 se encuentran pavimentadas, entonces las 3.600 restantes --el 47,36 por ciento-- todavía son de tierra.

Un inquietante porcentaje, no sólo por tratarse casi de la segunda década del Siglo XXI, sino también en comparación con otras localidades bonaerenses, como pueden ser Tandil o Mar del Plata.

A casi 182 años de la fundación de la ciudad, es penoso comprobar que los caminos ventosos de polvo reseco, arenisca y tosca siguen siendo, para muchos vecinos, sus calles.

Y no se trata de una mera cuestión estética, como pueden ser los trabajos sobre la Plaza Rivadavia o la calle O'Higgins. Para todos aquellos que tienen la tierra a menos de un metro de la puerta de su casa es un asunto de higiene y salud, pero también de medios de transporte y recursos.

De dignidad, en otras palabras.

Gente que muerde el polvo

A lo largo de un recorrido por las calles de Aldea Romana, Los Almendros, Riccheri, Patagonia, Villa Rosario, Villa Rosas, Villa Serra, Spurr e Ingeniero White, "La Nueva Provincia" pudo verificar las preocupantes condiciones diarias que deben soportar miles de vecinos. Guillermo es uno de ellos.

Una pizarra, colgada al costado de la ventana, confirma que el quiosco también funciona como almacén y fiambrería. En el pequeño local de Presbítero Biggio al 200, Guillermo sonríe al escuchar la primera pregunta, como si hubiera estado elaborando su respuesta desde hace años.

Asegura que varias veces tuvo que ir al Hospital para consultar sobre sus problemas respiratorios. Y está convencido de que el polvillo es el responsable.

"Es insoportable, hay tierra en todas partes, y cuando sopla el viento directamente tenemos que cerrar todo. Se nos ha metido hasta en las heladeras, con las bebidas y alimentos. Si no limpiamos dos o tres veces por día, no podemos abrir", protesta.

A unos pocos metros, sobre la calle Harris, Angela saluda a la distancia el paso de unos vecinos y afirma que vivir en calle de tierra "es la muerte".

Tajante, explica cuál es su mayor problema. "Cada colectivo arrastra una nube de tierra que se mete en las habitaciones, los roperos, los estantes, en la ropa colgada. Puse burletes, pero ni siquiera así logro evitarlo. Está sucio todo el tiempo", asegura.

Pocos segundos más tarde, un interno de la línea 513 pasa por el frente de su casa y, efectivamente, un "malón" de aire sucio oculta por unos instantes la vereda de enfrente.

"¿Ves lo que digo?", pregunta.

Pero la respuesta es difícil, porque mucho no se ve.

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Rodrigo camina por Tucumán al 2300, bajo el puño cerrado del mediodía. Lleva puesta una camiseta de Pacífico, con marcas recientes del polvillo que se levanta por toda la zona.

Desde hace una década vive con su familia en la zona de la Delegación Norte, y con ellos convive la arenisca, que ya es parte de la rutina cotidiana.

"Aunque cerremos las puertas y ventanas se nos llena la casa de tierra. Es muy molesto, ensucia todo y nos deteriora los electrodomésticos", se queja.

Para él, la vida en un barrio con calles de tierra "es una c... Si llueve, se inunda todo. Cuando hay sol los autos levantan tierra y si hay viento, directamente no se pueden ni abrir los ojos", afirma.

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Esquina de Molina Campos y Las Heras, a unas tres cuadras de la avenida Sarmiento, en el sector más reciente del barrio Patagonia. Todavía hay muchas casas en proceso de construcción, y el movimiento de albañiles es constante. Aparte de ellos, la zona está casi desierta.

Casi, porque Lucila saca su camioneta del garage y remueve las capas de tierra seca que había en el portón, dejando al vehículo oculto tras un telón de polvillo.

"Espero que pronto llegue el pavimento, porque muchas veces la tierra que se levanta nos impide ver la calle con claridad y es un peligro para los que caminan o andan en bicicleta", advierte.

Al ser consultada sobre por qué eligió mudarse a esta zona, Lucila es categórica: "Aunque sabíamos de esta característica al momento de comprar el terreno, no imaginábamos que la sequía iba a agravarlo tanto", se lamenta.

Súplicas por el asfalto

"Yo me crié en la tierra, pero en la tierra del campo. Esta porquería es otra cosa", compara Juan, sentado en la puerta de su casa, sobre Brickman al 2900.

Nacido en Pedro Luro, pero vecino de Villa Serra desde hace 25 años, asegura que la situación de su cuadra es "tremenda".

"No se puede vivir en estas condiciones. Los camiones riegan hasta tres veces por día, pero no sirve para nada. Y con el ventarrón del otro día, ¡mamita querida!", exclama.

Mirta, su nuera, asiente en silencio por algunos minutos. Pero se decide a hablar. "Tenemos la vida complicada de todos los que viven en una calle de tierra, y la sequía no ayuda en nada. Hay polvo por todas las casas, y por culpa de eso muchos tienen asma o alergias. Es fundamental que pongan el asfalto, aunque sea para que puedan circular las ambulancias o los bomberos", reclama.

Y agrega, como un susurro: "Vivir en una calle de tierra no se lo recomiendo a nadie".

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Villa Serra es una de las barriadas más castigadas dentro del ejido urbano. Sus habitantes, acostumbrados a merodear entre el desempleo y las migajas de los planes sociales, están convencidos de que sus prioridades ocupan los últimos puestos del ránking bahiense.

Karina lo sabe bien. "A veces siento que nos tratan como si no fuéramos humanos. Somos pobres y queremos mejorar un poco cómo vivimos y por eso pedimos que pavimenten de una buena vez", pide.

Con el brazo extendido va marcando diferentes lugares del barrio, y enumera algunos pesares. "Los taxis no entran y los colectivos de Plaza ya no quieren seguir pasando, y la verdad es que tienen razón. La calle de tierra es lo más feo que hay. Encima con este calor, casi no hay agua y el camión regador no pasa ni por casualidad. Tenemos polvo volando por todas partes, y los chicos están sucios, se enferman. Cuando veo que arreglan las calles del centro, me parece una reverenda p... ¿Por qué no usan esa plata para la gente que lo necesita?".

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La corbeta "Uruguay" supo ser la nave más rápida de toda la Armada argentina. Comandada por el entonces teniente Julián Irizar se hizo famosa en 1903, luego de rescatar a un grupo de científicos suecos en la Antártida.

Corbeta Uruguay también es una calle escondida dentro del trazado de Ingeniero White.

En una de las pequeñas casillas de madera, ubicadas al costado de una cerealera, Pablo también se lamenta por la realidad de su cuadra.

"Acá pasan los camiones de carga y levantan tierra todo el tiempo. Se nos mete en las casas y es irrespirable. Mi hermana y yo tuvimos que ir varias veces de urgencia al hospitalito por problemas de asma", revela.

Con sentido de responsabilidad, a sus casi 20 años, se atreve a hacer un reclamo.

"Tienen que pavimentar por nuestra salud, sobre todo la de los más chicos, que sufren mucho por el aire. Y también para protegernos del polvo, que arruina las cosas que compramos con tanto esfuerzo".

un castigo

Todos los vecinos aquí consultados, y otros que prefirieron quedarse en el anonimato, coinciden al remarcar que las calles de tierra son un castigo para la salud, la higiene, la comodidad, el transporte y hasta para la recolección de residuos.

Aunque no lo dicen, es fácilmente perceptible que se sienten habitantes de segunda. Casi como kelpers dentro de su ciudad de nacimiento o adopción.

Y si alguien pone en duda esta aseveración, bastara con sentarse cerca de la mesa de entrada del Concejo Deliberante, y observar el habitual desfile de vecinos que se acercan para pedir un poco de asfalto.

Algo lo suficientemente digno como para sentirse contemporáneos a sus vecinos céntricos.

Queda espacio para una última mirada.

Si en la décima ciudad del país a nivel población, considerada unánimemente como miembro del "G-20" económico nacional, se sigue debatiendo un tema tan anacrónico como la existencia de miles de cuadras de tierra, significa que en algo estamos fallando.

Y no sólo a nivel municipal.

Mariano Buren/"La Nueva Provincia"

Desde el Municipio, prometen pavimentar unas 400 cuadras

El secretario de Obras y Servicios Públicos de la Comuna, Rubén Valerio, reconoce que la cifra de cuadras sin asfaltar ronda el 50 por ciento y que eso genera malestar en muchos vecinos.

Pero, en lo inmediato, su mayor preocupación pasa por los reclamos de las empresas de transporte urbano, que insisten en salvar sus motores y carrocerías de las pequeñas piedras que decoran tantas calles.

"Hay una partida presupuestaria de Nación que está a punto de salir y que nos permitirá pavimentar unas 400 cuadras. De ese total, el 90 por ciento se va a realizar en las zonas donde pasan las líneas de colectivos", anticipa el funcionario.

Para el resto, en tanto, seguirá la era dorada de los camiones regadores. "Tenemos 25 unidades trabajando todos los días, a doble turno", remarca.

Estos vehículos se nutren de los arroyos Napostá y Maldonado, aunque también de algunos surgentes. Valerio explica que, ante la feroz sequía regional, decidieron buscar "fuentes no agotables".

Una buena oferta

Suele decirse en el ámbito televisivo que nada resiste un examen de archivo. Claro que lo mismo podría aplicarse al periodismo gráfico.

Es el caso de una revista que se entregaba a los pasajeros del Ferrocarril Sud durante sus largas travesías entre Buenos Aires y Bahía Blanca.

En la página 92 de la edición correspondiente a abril de 1926 puede encontrarse un aviso publicitario llamativo, ocupando una página entera.

Y aunque es un hecho que la oferta comercial ya caducó, no hay dudas sobre la vigencia de la demanda.

Allí puede leerse: "Embellezca su ciudad con pavimentos de hormigón. Rígido y firme, de un color gris claro agradable, el pavimento de hormigón mejora la apariencia de su barrio y la ubicación de su casa.

Si tiene cariño par su ciudad procure que las calles sean pavimentadas con hormigón".

Habría que llamar al teléfono que figura al pie. Quizás algún bisnieto siga al frente del local.

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