Lamentablemente, la dura realidad viene a corroborar las apreciaciones que efectuábamos en un anterior informe, sobre la necesidad de insistir en la prevención de accidentes de tránsito - Una seguidilla de accidentes, que además eleva las estadísticas de manera sustancial, ha generado preocupación en las autoridades - Pero al mismo tiempo, estos sucesos deberían incidir en la toma de conciencia de los conductores en general - Hay que colaborar con los controles, y cumplir con las normas
Y así, lamentablemente, la dura realidad viene a corroborar las apreciaciones que efectuábamos en ese anterior informe, donde apuntábamos sobre todo a la necesidad impostergable de insistir en campañas que contribuyan a la prevención de accidentes de tránsito.
Una seguidilla de accidentes, acontecidos en esta planta urbana, y que además eleva las estadísticas de manera sustancial, ha generado preocupación en las autoridades: fundamentalmente porque uno de estos hechos, lamentablemente, tuvo un saldo irreparable. Es decir que una familia ha quedado trunca, golpeada de manera impiadosa para siempre, ante una situación que, tal vez, pudo haberse evitado.
Siempre lo advertimos: nosotros no emitimos juicios de valores sobre las conductas individuales de nadie; evitamos de manera permanente y premeditada pontificar y menos, aún, nos proponemos condenar ni señalar presuntos culpables o supuestas víctimas.
No es nuestra función: hay una estructura jurídica y legal que se ocupa de ello. Pero sí es nuestra tarea consignar los datos de la realidad, por duros que sean, por irreparables que hayan sido las consecuencias de determinado suceso, y tratar de ofrecer sobre esa base las conclusiones más objetivas y previamente meduladas que nos sea posible elaborar.
Por ello estamos convencidos de que estos sucesos deberían incidir en la toma de conciencia de los conductores en general. Hay que colaborar con los controles, y cumplir con las normas.
DOS HECHOS SEGUIDOS,
UNO DE ELLOS FATAL
En horas de la tarde del pasado 27 de septiembre, por circunstancias que se tratan de establecer colisionaron en la intersección de calles Nueve de Julio y Vélez Sarsfield un furgón Peugeot Boxer, dominio APE 000, y una moto Gilera 110 cc., guiada por Andrea Adriana Sanz (47).
A raíz del impacto la mujer debió ser trasladada al Hospital Saturnino E Unzué, donde el equipo médico de turno le prestó las atenciones médicas pertinentes determinando que presentaba traumatismo de cráneo grave con otorragia bilateral y escoriaciones varias, que determinaron el traslado a un centro de salud de alta complejidad sito en Ciudadela.
Allí recibió atención de alta complejidad, pero a pesar de los esfuerzos médicos por su supervivencia la mujer, Andrea Adriana Sanz dejó de existir en horas de la mañana del lunes 4.
La infortunada mujer, a estar por la información policial, circulaba aparentemente sin el casco protector de uso obligatorio.
Y el mismo lunes 4, cuando se conocía el luctuoso desenlace del caso anterior, aconteció otro hecho que pudo tener también consecuencias fatales. Por causas que se tratan de determinar ese día, sobre Ruta 188, en inmediaciones del acceso a nuestra ciudad por Avenida Bicentenario colisionaron un camión Fiat Iveco, dominio HJP 192, con acoplado conducido por una persona oriunda de Baigorrita, y una moto Mondial Max de 150 cc. conducida por un joven domiciliado en este medio.
A raiz de los golpes recibidos en el impacto el, joven fue trasladado al Hospital Municipal, donde recibió las atenciones médicas necesarias, determinando el equipo médico de guardia que las lesiones sufridas en el accidente son de carácter leve.
Después de permanecer internado por algunas horas en observación fue dado de alta, aunque en algún momento se temió alguna consecuencia peor. El joven tampoco llevaba puesto el caso protector de uso obligatorio.
ESTADÍSTICAS
NEGATIVAS
Estos dos hechos, que hemos tomado como casos testigo, implican además que, en términos estadísticos, los accidentes de tránsito se están sucediendo con desoladora continuidad en el ámbito de esta planta urbana.
Y el punto es que, prácticamente en todos los casos en los que ha habido desde lesiones leves, hasta desenlaces irremediables, las víctimas no llevaban colocado el casco protector de uso obligatorio.
Ya en lo que iba del año tomando desde enero a los primeros días de julio (no tenemos aún las estadísticas del segundo semestre de 2010) se observaba con preocupación creciente que las cifras estadísticas de accidentes ocurridos en el sector comprendido por esta planta urbana (sin incluir sucesos de esta índole en las rutas de la jurisdicción), lejos de disminuir, continuaban creciendo.
Y de esa cantidad alarmante de accidentes, un elevado porcentaje involucra a motocicletas y/o ciclomotores, manteniéndose una preocupante tendencia que comenzó a verificarse nítidamente desde 2006 a la actualidad, en coincidencia con el crecimiento exponencial del parque automotor, en especial de los motovehículos.
En 2006 se registraron 39 accidentes en total, con tres fallecidos, dieciséis heridos graves y treinta y cinco heridos leves, siempre según datos estadísticos relevados en la Estación Rojas de la Policía Comunal de Seguridad. En este caso, de esos accidentes, más de la mitad involucró a motocicletas y/o ciclomotores.
El pico fue hacia 2007, cuando se registraron en total 249 accidentes de tránsito; un crecimiento exponencial de los casos registrados durante 2006. Y hablamos, reiteramos, solamente de los accidentes que se producen, por así graficarlo, dentro de los cuatro boulevares, no de los hechos trágicos acontecidos en rutas provinciales o nacionales de la jurisdicción.
En 2008, afortunadamente, las cifras experimentaron un descenso: se pasó a un total de 182 accidentes de tránsito en el radio urbano, bastantes menos que el año anterior.
Pero fue, como se dice, un alivio pasajero: hacia 2009 se registraron 233 accidentes, es decir, un nuevo pico en la estadística.
Más allá de que las cifras actuales aún no se emparejan con las de ese terrible 2007 en materia de accidentología, todo indica que esa tendencia al incremento podría afirmarse hacia el presente 2010, debido a los numerosos factores que, lamentablemente, concurren para ello. Entre otros: el incremento incesante del parque vehicular, la grave tendencia a la negligencia durante el manejo y, sobre todo, la proclividad general a no respetar las leyes de tránsito.
En efecto, desde enero al 14 de julio último, se registraron 131 accidentes de tránsito. Y restan aún tres meses para completar 2010, entre ellos los meses de verano, con las fiestas incluídas. Es decir que todo invita a conjeturar que, como mínimo, se estará nuevamente en cifras elevadas en cuanto a incidencia accidentológica.
En síntesis, desde hace unos cuatro años a la fecha, y más allá de que en ese lapso, tanto se ha instalado fuertemente la problemática en la opinión pública, como así también se han fortalecido los controles e inclusive, hasta se ha impuesto el uso obligatorio de cascos, la situación, a rasgos generales, sigue siendo preocupante.
MÁS CONTROLES,
MÁS CAMPAÑAS
En suma, se hace evidente que, como indicábamos en nuestro informe anterior, es fundamental insistir en los controles de tránsito activando el uso de cascos protectores y, al mismo tiempo, afirmar nuevamente enérgicas campañas de concientización de los usuarios.
No vale la pena arriesgar la vida por una negligencia: una moto, hasta el más modesto ciclomotor, es potencialmente peligroso para el conductor. Y estos no deben considerar una especie de ofensa personal, una injusticia del mundo en su contra, el hecho de que un inspector les aplique las normativas vigentes cuando se los sorprende sin el casco protector.
¿No es más sencillo utilizarlo?¿Cuánto cuesta un casco?¿Mucho?¿Y una vida...?
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