Miqueas pinta sobre un cuaderno con un lápiz amarillo, sentado en una mesita petisa en el pasillo del segundo piso. Colorea con empeño, tanto que ni repara en la monja que pasa a su lado señalando a las visitas los daños ocasionados por el último gran temporal. El 17 de diciembre pasado el Hogar Ángeles Custodios perdió parte del techo por voladura de chapas.
Veinte chicos, de tres años en adelante –la mayoría son gurises en edad escolar, pero también hay un chico de 15 y otro de 2-, crecen, estudian y en ese lugar tratan de encontrarle la vuelta al destino que les tocó en suerte.
Casi todos llegaron al hogar a través del Juzgado de Menores, atravesados por historias familiares difíciles o, directamente, terribles. Algunos padres vuelven a verlos de vez en cuando, otros no cuentan con el permiso de la Justicia por la seguridad o el bien de los chicos.
Tres monjas y algunos colaboradores se encargan del cuidado y la contención de todos ellos. Por la mañana les ofrecen apoyo escolar, por la tarde van a las escuelas vecinas y tres veces por semana hacen actividad deportiva: las chicas, hockey; los gurises, fútbol. Miqueas no. Él dejó fútbol y hace karate en el club San Martín. Eso dice la hermana Liliana, porque Miqueas tiene ganas de conversar, se ve, pero por ahora se ríe. Él se ríe.
En el segundo piso se alojan las habitaciones y los baños, abajo las aulas, la capilla y también la cocina y el comedor. Las escaleras son de mármol y están impecables, los antiguos pisos de baldosas amarillas y coloradas, también persisten en buen estado. Los problemas están arriba, en el techo y comienzan a filtrarse en las paredes y afectan la instalación eléctrica. Pero ahora mismo hay obreros trabajando, a través de donaciones particulares, el aporte de Cáritas y el Arzobispado, los techos se han ido reparando.
La casa tiene, claro, esos techos altísimos y un patio interno que no deja rincón sin luz. La hermana Liliana va completando el recorrido para las visitas que en realidad llegaron hoy para presenciar y cubrir la actuación de la banda de la II Brigada Aérea, que en un instante va a tocar para los gurises, en el marco de la Semana por Malvinas, pero también porque había ya, hace tiempo, una visita pendiente. Los chicos no saben bien qué va a suceder o no tienen, directamente, idea del asunto. Ellos se fueron a la hora de natación en el club Echagüe y ahora van llegando mientras la banda se apronta para tocar. El asombro en la cara de los gurises tiene el mismo efecto que esos vientos frescos que de un vuelo consiguen arrancar las nubes para lograr un cielo pintado, nuevo, como recién nacido.
Un promotor llega con el más chiquito en brazos. Poco menos de tres años, está recién cambiado y se ve contento en brazos. Como Miqueas, él quiere conversar, pero todavía no tiene las palabras. Y dice las palabras que le salen y se ríe y recibe las caricias jugando. Es una criatura hermosa que llegó acá, a este caserón antiguo como llegó Miqueas y los demás, a través de los dramas que nadie quiere saber.
“Uno de los últimos chicos lo encontraron tirado en un supermercado”, dice la hermana Liliana. Y dice que las mamás de estos chicos, la mayoría, “son mujeres con trastornos mentales, problemas con drogas”.
LA BANDA. La banda de la II Brigada Aérea, a cargo del brigadier Alfredo Horacio Amaral, recorre habitualmente escuelas e instituciones y en este caso tenía una cita postergada con los chicos del Hogar Ángeles Custodios.
La banda empieza a tocar y los niños se instalan en el piso, frente a la casa, a escuchar. Desde ahí se ve el parque con unos laureles rojos, las tipas atrás, una canchita de fútbol vecina. El aire de la mañana es límpido, no se ve una sola nube y los músicos, se nota, disfrutan la labor, ante un público menudo pero sumamente agradecido. Cada vez que finaliza una ejecución, los gurises aplauden con toda la fuerza que se puede poner en el asunto. Festejan el encuentro, la pasan bien. Ahora, en un instante, les van a decir que serán invitados a la Base Aérea, al museo que funciona allí, a conocer todo lo que hay por conocer en ese lugar. Miqueas, seguro, va a hacer esos gestos de entusiasmo que hacen los gurises cuando los apura la ansiedad por perseguir la maravilla. Y se va a reír. Ojalá que se ría.
Las instalaciones
El Hogar Ángeles Custodios está ubicado en calle Hernandarias 2.532 de la ciudad de Paraná. La vieja casona fue donada en 1970 a las Obreras Catequistas de Jesús Sacramentado por Josefina Brisue.
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chicos, de tres años en adelante –la mayoría en edad escolar, pero también hay un adolescente de 15 y un nene de 2-, hay en el Hogar Ángeles Custodios de Paraná.
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