Arrancó en 2007, luego de un conflicto por la circulación de carros con caballos. De 60 recicladores quedaron 12, que ganan $ 1.200. Sin maquinarias adecuadas, aseguran que solo se procesan 7 toneladas a la semana.
Cuando 50 carros y caballos marcharon hacia la Plaza Rivadavia para protestar contra las restricciones de circular, Hugo Juárez estuvo presente, al frente de la columna, junto a decenas de compañeros. Y también formó parte del acuerdo alcanzado, luego de una intrincada negociación, para trabajar en una cooperativa de reciclado apoyada por el municipio.
Los sucesos no ocurrieron el mes pasado, sino en marzo de 2007, una de las tantas ocasiones en las que, desde la comuna, se intentó regular la recolección informal y terminar definitivamente con la tracción a sangre.
La Cooperativa de Cartoneros del Sur nació de dicho conflicto, y hoy sigue funcionando en un galpón de Pacífico al 100, procesando los residuos del barrio Palihue, entre 14 y 15 toneladas por día.
En el momento del acuerdo, hace siete años, Juarez pisaba los 50, y desde hacía años vivía del cartoneo. El hombre decidió entregar su carro y su caballo al municipio y aventurarse junto a su mujer al nuevo emprendimiento.
La Cooperativa arrancó con 60 recicladores, liderados por Hugo Dubois, con el compromiso de la Municipalidad de dar 1.500 pesos a cada uno, y de proveer el espacio y los elementos de trabajo (ropa y también bateas).
Los trabajadores tenían además las ganancias de la venta del reciclado, que finalmente fueron mínimas: la primera semana de trabajo recibieron $1.65 cada uno.
“La mayoría aguantó unos meses, pero después se fueron yendo año a año, porque no les servía. Volvieron a la calle, buscaron otra cosa”, recordó Juárez. Cuando la comuna quitó el subsidio en diciembre, solo quedaron 12.
Los recicladores ganan ahora unos 1.200 pesos al mes, con una jornada que arranca a la madrugada y termina después de las 14. “Aunque trabajamos los dos con mi mujer, no alcanza, así que también hago changas. Lo que haga falta”, contó Juárez, quien tiene 4 hijos.
En un galpón de 10x20 metros separan los residuos: al fondo se apilan los papeles; en una esquina las botellas; en una batea, rebasando, los restos orgánicos y residuos que no se pueden recuperar, que son la mayoría. Los trabajadores no tienen muchas más herramientas para revolver que sus manos.
Siete años después de decidir dejar la calle y estar en la cooperativa, ante la pregunta de si les recomendaría a los cartoneros lo que hizo él, Juárez no supo qué responder. Se quedó callado. Después dijo, diplomático: “cada compañero tiene su realidad, habrá que ver si le sirve o no lo que le ofrecen. Y después si se cumplen las promesas”.
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