Hizo un buen partido ante Ferro, en Caballito, pero la falta de gol le impidió lograr el primer triunfo en el certamen. Villa San Carlos jugó, quizás, el mejor partido del torneo.
Tuvo entrega, rotación, control de los espacios y hasta generó las mejores oportunidades de gol. Sin embargo, la falta de gol lo privó de alcanzar la primera victoria en el campeonato, que hubiera sido legítima y justificada. Sin dudas que una de las carencias de este equipo es la poca contundencia. Ya le ocurrió lo mismo en Jujuy, en Berisso ante San Martín de San Juan y ayer, ante Ferro, partido que terminó igualado en cero . San Carlos salió con determinación a jugarle de igual a igual a Ferro. Y en los primeros minutos se vio una tendencia en favor de los dirigidos por Ricardo Rezza: entrega, control de la pelota y espacios para generar juego. Por eso, no extrañó que de a poco, Santiago Sommariva se vaya convirtiendo en una de las figuras de la cancha, al igual que Ezequiel Melillo y Nahuel Fernandes Silva. Y con ello, no tardaron en llegar las ocasiones de gol. La primera chance fue de Melillo, a los 18, al pegarle mordida cuando el arquero Losa andaba por el piso. Sin embargo, a los 25, Sessa se lució con una volada espectacular, al desviar al córner un perfecto tiro libre de Carranza. Pero a los 31, la Villa llegó por arriba, con un cabezazo alto de Troncoso, tras un centro desde la derecha de Gonzalo Raverta. En el complemento, el partido se hizo de ida y vuelta, y en los primeros minutos, el local, sin demasiadas ideas, trató de meter contra las cuerdas a un San Carlos que esperó firme en el fondo y que supo encontrar espacios para lastimar. Sin embargo, su falta de puntería lo seguía condenando. Al minuto, se lo volvió a perder Melillo. Pero Ferro lo pudo haber ganado con un cabezazo de Satanás Páez (entró por detrás de todos y sin marca), a los 18. La Villa, pese a sufrir algún susto, tuvo variantes para llegar con peligro. Pero sigue fallando en los metros finales. La más clara, quizás, fue el mano a mano que desperdició Troncoso, a los 27, o el zurdazo de Melillo, que se fue cerca del ángulo derecho.
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