Las carencias del puerto y de la costa

Las carencias del puerto y de la costa
A pesar de la decisión de la justicia, todavía el puerto de San Antonio Este no cuenta con un cajero automático, problema que no sólo afecta a los habitantes del lugar, sino a los cientos de turistas que durante esta temporada de verano eligieron las formidables ofertas de playas.

No es la única carencia; los vecinos y visitantes se quejan de la falta de una estación de provisión de combustible, lo que resulta inadmisible para un punto estratégico en cuanto a su ubicación para el desarrollo turístico y el acceso, desde el sur, al Camino de la Costa, que une el puerto con Viedma, pasando por las mejores playas de Río Negro, la Patagonia y quizás del país.

Hay que recordar que a pesar que el puerto es parte del ejido sanantoniense, se deben recorrer más de 50 kilómetros para acceder a servicios mínimos que se encuentran disponibles en la ciudad cabecera, San Antonio Oeste, como son éstos que hemos señalado, un cajero o una estación de servicio, pero también para pagar un impuesto o hacer algunas compras básicas de alimento, ya que los comercios en el puerto, por este tema del aislamiento, sufren de notorias carencias. Hablamos de más de 100 kilómetros para el poblador que tiene que ir y volver para satisfacer algunas de estas necesidades.

En mi caso, que disfruté con mi familia de unos días en el puerto, no sólo certifiqué charlando con los vecinos la queja por la falta de respuestas a estas demandas básicas, sino que comprobé otras carencias que, aunque menores, son necesarias satisfacer cuando de turismo se trata.

Durante la semana, por ejemplo, no pude comprar ni siquiera un diario, ya que llega irregularmente; el último domingo me enteré que se estaba vendiendo el “Río Negro”, pero cuando lo fui a comprar ya se había agotado. Un comercio tuvo la ‘gentileza’ de venderme uno ‘usado’, al módico precio de 10 pesos y sin la revista.

Para los viedmenses, sanantonienses y otros rionegrinos, las playas del puerto, como otros puntos de la costa sobre la Ruta Provincial 1, como Pozo Salado, Bahía Creek, Ensenada, Bahía Rosa, La Lobería, y otras ‘bajadas’, resultan lugares impagables para disfrutar del mar, la pesca, compensar con un merecido descanso el año laboral o disfrutar de un fin de semana, pero, como dicen todos los que las recorren, hay que sobrecargar los vehículos con mínimas provisiones y hasta con bidones de agua por la ausencia de servicios mínimos.

Respecto al cajero, hay que recordar que una resolución del STJ hizo lugar a un amparo colectivo y ordenó la instalación de este servicio en el puerto y en otras localidades pequeñas de la provincia, pero todavía la demanda no tuvo respuesta.

El juez Sodero Nievas había recordado que conforme la Carta de Derechos del Ciudadano todos los habitantes de las distintas localidades deben tener exactamente los mismos derechos de acceso a los servicios públicos bancarios, de que gozan el resto de los ciudadanos de la provincia.

Hay un compromiso de la Comisión de Seguimiento y Fiscalización sobre esta temática –que integran representantes del gobierno provincial, legisladores y el Banco Patagonia- de hacerlo este año, pero a la luz de las promesas incumplidas respecto a otras demandas para la costa atlántica, conviene ya insistir con este tema, no sea cosa que en la próxima temporada estival nos encontremos con un realidad similar.

Sin una estación de provisión de combustible en el puerto –como en El Cóndor- tampoco se puede hablar de desarrollo turístico en serio en este tramo de la costa.

En el puerto se insinúa un importante crecimiento en cuanto a su oferta de alojamientos en el pueblo y en Saco Viejo, pero esto tiene un techo si no hay servicios complementarios básicos.

La realidad del puerto en este sentido se profundiza cuando uno recorre el Camino de la Costa; más allá de los repasos que hace VIARSE a esta ruta, sigue habiendo una carencia absoluta de emprendimientos.

La provincia y los municipios de Viedma y San Antonio destacan los “miles de turistas” que cada verano recorren la costa rionegrina en todo esta largo tramo, pero sigue ausente un verdadero plan de ordenamiento, a pesar de los anuncios en este sentido y que en la Legislatura ya existen desde hace años proyectos serios en este sentido.

A las apuradas, el actual gobierno provincial, como pasó con el anterior, aparece con la temporada de verano encima realizando algunas obras menores y anunciando otras, pero la realidad se impone y lo que es visible para los turistas y los vecinos de la zona son las carencias.

Sólo si hablamos de La Lobería hay que completar el tramo de unos cinco kilómetros de asfalto que falta de El Cóndor a esa villa marítima; reconstruir la bajada a la playa que está muy deteriorada, con las barandas de metal oxidadas y corroídas, y reconstruir a la vez el cámping, ya que por el fuerte temporal de agua y viento de hace más de tres años la infraestructura que se contaba en este sentido, incluyendo una proveeduría y un comedor y salón de encuentros, quedó en la ruina.

Respecto al Camino de la Costa por lo menos hay que prever un trabajo en serio en el tramo de Bahía Rosas, muy deteriorado y próximo a ser ‘comido’ por el mar. Ya de por sí es muy dificultosa la bajada a esa playa y por eso los pescadores seguimos de largo hacia La Ensenada.

El último fin de semana aproximadamente unas 600 personas se instalaron en Pozo Salado, en su mayoría viedmenses, lo que marca que con un poco de planificación y servicios mínimos ese lugar podría ser una de las ‘joyas’ del desarrollo turístico de la costa.

Resultaba impresionante ver la zona de los tamariscos llena de carpas y el área entre los médanos y las pocas casas atestadas de autos y camionetas, lo que llevaba a reflexionar que con muy poco se podía contar con un acondicionamiento acorde del lugar para estos menesteres de estacionar y armar un campamento con la familia.

En la gestión anterior se hizo un ‘cámping’ y unos baños, pero tras un segundo tramo de médanos tierra adentro, de espaldas al mar, sin la mínima parquización, lo que hace que nadie se instale allí a menos que se arriesgue a morir calcinado.

En marzo o abril habría que empezar a planificar en serio las obras que se requieren, definir una norma que ordene la costa en cuanto a los espacios a resguardar y los que se pueden desarrollar, revertir los desaguisados que ya hay respecto a construcciones y loteos clandestinos, dotar de mínimos recursos a los guardafaunas e incrementar su número, entre otros.

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