La caravana de la alegría

Miles de triperos acompañaron a la delegación que volvió de Córdoba con el ascenso a Primera División bajo el brazo. Color, emoción y fiesta albiazul camino a la Ciudad
La caravana mágica del Lobo fue un tsunami de emociones protagonizado por el “pueblo tripero”. Los 60 kilómetros que separan el Aeroparque metropolitano de la Plaza Moreno de nuestra ciudad, fueron el reflejo de conmovedoras muestras de afecto y agradecimiento de la falange mens sana para con los jugadores y el cuerpo técnico que, pocas horas antes, les habían regalado una alegría, y de las grandes, con el merecido regreso a la Primera División del fútbol argentino.

La fervorosa parcialidad albiazul, tan pasional como sanguínea, le ofrendó a sus futbolistas un recibimiento de esos que resultan indelebles al paso del tiempo, acorde con la relevancia de lo conseguido en una lucha titánica por volver al sitial de privilegio en el concierto del fútbol nacional.

La delegación mens sana pisó suelo porteño a las 11:15. Desde bastante antes, un nutrido grupo de simpatizantes ya estaba apostado en la salida “A” de arribos del Aeroparque Jorge Newbery, con despliegue de banderas y vistiendo camisetas, para empezar a transmitirles calor a los hacedores de la magnífica campaña.

Sin embargo, el plantel salió directamente por pista en una unidad de dos pisos y, al tomar por la zona portuaria para desembocar en Puerto Madero, los hinchas ya estaban formando fila en automóviles y camionetas particulares, con banderas flameando al viento desde las ventanillas y un ensordecer sonar de las bocinas que le puso sonido de fiesta a la mañana capitalina.

Pocos minutos después del mediodía, el ómnibus que trasladaba al Lobo tomó la Autopista rumbo a nuestra ciudad y consiguió escapar del pesado tránsito porteño.

Pero no había motivos para apurar la máquina, ni tampoco modo de hacerlo, porque pese a una frondosa escolta policial, el andar del micro tripero se ralentizó por el acompañamiento de los autos y, también, de algunas motocicletas.

AL DESCAPOTABLE

La caravana se fue incrementado de manera directamente proporcional al paso de los kilómetros. La unidad tripera bajó de la Autopista en Gutiérrez y allí se produjo el primer gran cimbronazo de la jornada.

A pocos metros de la rotonda de Alpargatas, cientos de triperos esperaban el arribo de sus ídolos. Tan grande fue la sorpresa por la cantidad de gente que a esa altura se sumó al festejo, que se abortaron los planes iniciales de cambiar de micro a esa altura del camino.El trasbordo quedó para la zona del mítico Arco de Villa Elisa. A pocos metros de esa construcción tan característica de nuestra región, que marca el ingreso al partido de La Plata, el plantel se pasó del micro que los había traído de Buenos Aires al bus descapotable dispuesto especialmente para esta ocasión de fiesta, adornado con inmensos escudos de Gimnasia en ambos lados.

Allí empezó el tramo más impactante de la caravana. Los vecinos de Villa Elisa saludaban, agolpados a la vera del camino, el paso triunfal de los muchachos de Pedro Antonio Troglio.

El Camino Centenario se transformó en un largo pasillo azul y blanco. Niños, jóvenes, generaciones intermedias y abuelos gesticulaban, al unísono, desde veredas y, muy especialmente, desde los puentes que cruzan el camino.

En City Bell primero y en Centenario y 511 después, el descapotable llegó a frenar por completo su marcha, rodeado totalmente por gente de a pie que quería un saludo, un guiño, una foto. Hubo lágrimas, gargantas quebradas y estruendos al aire. Hubo fiesta, emoción y corazones agitados.

ULTIMO TRAMO

Tras el Distribuidor, el último tramo de la larga caravana (a esa altura se hacía difícil divisar el último automóvil en el horizonte) fue por calle 7 y, prácticamente, a paso de hombre. Las escoltas policiales y municipales procuraron abrir paso, pero los hinchas brotaban desde los cuatro costados.

En Plaza Italia el ómnibus tripero, rebosante de felicidad, tomó la Diagonal 74 hasta desembocar en el Palacio Municipal. Allí, un mundo de triperos esperaba. Se venía el segundo acto de un día que los gimnasistas atesorarán por siempre en el baúl de sus recuerdos más entrañables. Pero no iba a ser el último...

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