Perdió ante Obras, 73 a 69. Cuando pudo correr, el "tricolor" vapuleó a su rival. A la hora de construir contra una defensa plantada, mostró carencias que fueron capitalizadas por el local.
Lo mejor del "tricolor", no es novedad, lo plasmó cuando pudo correr. En un primer cuarto fantástico, que había comenzado mal y logró enderezarlo de manera admirable por la vía de la transición ofensiva a toda velocidad. El ejecutor por excelencia de esa réplicas fue Walter Baxley, autor de 14 puntos (100% de eficacia) en el primer cuarto. Una verdadera pesadilla para Obras, que le dio a Quilmes la oportunidad de hacer lo que mejor hace. El resultado era contundente (24-11) para el visitante, que llegó a su pico máximo de rendimiento y nunca más lo encontró en el resto del partido.
Desde el minuto y medio final del cuarto de apertura hasta casi los cuatro minutos del segundo segmento, el equipo de Leandro Ramella no pudo anotar un solo punto. Vacío de ideas, con problemas de traslado y ejecución de sus ofensivas fijas (Fabián Sahdi tuvo una mala noche, casi tan mala como la de su colega de Obras, Maximiliano Stanic, de pobre labor) y Obras, por primera vez en el juego, empezó a sentir una postura confortable, fiel a los princpios del entrenador Silvio Santander.
El local dejó de cambiar pelota por pelota, empezó a manejar los ritmos con paciencia y así, sin forzar, encontró espacio para los tiradores. Obras acertó 4 de 5 triples en ese parcial y pasó al frente en las cifras. Sólo tenía una cuestión por resolver: cómo controlar a Baxley, quien de todas maneras, privado del ataque rápido, añadió otros 9 puntos a su cuenta para irse al descanso con 23, como principal responsable del empate parcial en 39.
Si el primer tiempo había mostrado las dos caras de Quilmes, una pletórica, incontenible, cuando pudo desplegar todo su arsenal de ataque rápido, y otro muy diferente, cuando tuvo que enfrentar a una defensa plantada, el complemento profundizó aún más esas diferencias.
Porque Obras le puso freno definitivamente a Baxley (gran parte de la responsabilidad la tuvo Alejandro Konsztadt), porque además clausuró el pase interior para que Quilmes pudiera atacar en la pintura y porque adelante, sin brillar, hizo lo indispensable.
Privado del contraataque y de poder ensayar tiros de alto porcentaje, Quilmes estuvo obligado a arriesgar con lanzamientos de tres puntos. Y allí no tuvo precisión (0 de 6 en el segmento). La posibilidad del triunfo comenzaba a escurrirse.
Y hasta la mitad del último cuarto, Obras tenía todo bajo su dominio (66 a 55), gracias a la supremacía que estableció en el rebote y la presión de un equipo corredor con gran aporte de sus suplentes para dificultar el traslado rival.
Parecía todo perdido, aunque Quilmes lo rescató con su otra cara positiva de la noche: la solidaridad defensiva. Lo aguantó atrás aunque le faltó una vuelta de tuerca más para poder capitalizarlo adelante. Estuvo cerca pero se quedó corto, y todavía sigue sin ganar como visitante. Para Obras, la victoria marcó el fin de una racha de tres caídas consecutivas.
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