Por RICARDO ROAEl Fondo Monetario acaba de recalcular el crecimiento de la economía argentina para este año. Lo ubicó en el 8%, dos puntos por encima de su estimación de abril y cerca de lo que dice el INDEC.
Advierte que hay riesgos de “recalentamiento”, que en su lenguaje significa peligro inflacionario. Pero aún así, que la Argentina quede segunda en el ranking mundial detrás de China es una gran noticia (ver El FMI ve más crecimiento, pero alerta por la inflación).
La mala es que fue más lejos que nunca en el cuestionamiento del índice de precios oficial. Dijo que mientras “la calidad de los datos no haya mejorado”, se manejará con las mediciones alternativas que son “considerablemente más altas”.
Hasta ahora sólo ponía, al pie de las estadísticas argentinas, la aclaración de que institutos privados tenían cifras mayores. Que la descalificación en el informe anual del Fondo haya subido otro escalón es algo muy serio, aunque el Gobierno lo desestime.
Tampoco es poca cosa que el FMI haya hecho esto después de que una misión de la entidad pasara por Buenos Aires seis meses atrás, justamente para analizar eventuales correcciones a los datos del INDEC y a pedido de la Argentina. Hay dos conclusiones y las dos parecen obvias. La primera es que plantean que deben ser corregidos. Y la segunda, que el pedido de asesoramiento es puro humo. Algo semejante a lo que ocurrió con la consulta a las universidades.
Desde que el INDEC fue intervenido por Moreno en 2007, el costo de vida oficial subió 47,8% , apenas un tercio de lo que arrojó el promedio de las mediciones de los institutos oficiales de las provincias: 150%.
Claro, a estos institutos no los pueden apretar, como lo hizo en cambio Moreno con las consultoras privadas a las que en gran parte silenció con multas millonarias.
No hay manera de ocultar la inflación. Todos los días aparecen constancias. Y ayer saltaron otras dos: los micros de larga distancia han subido ya 30% desde el verano. Y los alquileres para la temporada vienen con alzas del 20%.
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