Las dos caras del MPN y el futuro

Las dos caras del MPN y el futuro

Cuando la interna del MPN se resuelva, el próximo domingo, quedará todavía un año por delante para el gobierno de Jorge Sapag y Ana Pechen. Si bien estará “cortado” por las elecciones generales de la provincia, que por ahora se prevé hacer en mayo, el período es el de un ejercicio presupuestario completo, y la pregunta obligada es: ¿cómo será esta gestión según quien gane la interna?

Lo primero que sería prudente considerar es que lo que se dice ahora en la campaña, no será de aplicación inmediata. El volumen de la administración arrastra un peso inercial tremendo en un Estado supernumerario como el neuquino, y si las cosas no cambian rápido cuando cambia un gobierno, mucho menos cambiarán por el resultado de elecciones tan anticipadas. Esto lo saben todos, aun más quienes libran sus batallas en el partido que ha gobernado desde 1963. Así, es probable que lo que se modifique sean las expectativas, se desinflen algunas burbujas y se inflen otras. Para el ciudadano de a pie, poco se notará.

Diciembre comenzará, es cierto, con esa certeza: la continuidad del modelo amigable con el gobierno de Cristina Fernández, garantizada por otro año, sin más adecuaciones que las que se exijan desde el mismo contexto nacional; o la promesa de un cambio hacia la faz más crítica, factor potencial que serviría más que nada para modificar el escenario electoral neuquino, ya que obligaría a la principal oposición del MPN a tocar líneas importantes de sus argumentos principales.

La campaña en el MPN termina esta semana sin grandes novedades que permitan anticipar resultados.

Omar Gutiérrez y Rolando Figueroa, con la presencia explícita del gobierno de Jorge Sapag y Ana Pechen, han mostrado el poderío del oficialismo, su capacidad de movilización –multitudinario acto en Zapala- y la continuidad implacable de un discurso que acentúa tres rasgos principales: la renovación de dirigentes con trasvaso generacional incluido; la “no confrontación” como método que garantice paz social; la reivindicación de lo actuado por el gobierno de Jorge Sapag, específicamente con el renacer petrolero de la mano del fracking y del shale.

Jorge Sobisch y Omar Lorenzo, con la presencia explícita del senador y líder del sindicato petrolero Guillermo Pereyra, han demostrado que desafían con fundamento la continuidad del sapagismo. Preparan un cierre esta semana, pero se sabe que están satisfechos con lo “semblanteado” en la recorrida provincial. Procurarán emular la capacidad del “aparato” oficialista con una fuerte movilización prolijamente organizada para el domingo. El discurso de Sobisch ha alimentado sin cesar una idea: la de que Neuquén necesita un administrador del Estado con jerarquía política de independencia absoluta respecto del poder nacional, para encauzar con mayor beneficio el presunto derrame de recursos que significará Vaca Muerta.

Las dos posiciones están muy claras, y se ve también con claridad que no será lo mismo, para Horacio Quiroga, y aun para Javier Bertoldi –quien parece será en definitiva el candidato kirchnerista- que gane uno u otro en el MPN.

Por eso ha dado la sensación hasta ahora que ambos candidatos muerden el freno y no terminan de mostrar todas las cartas. Dentro de una semana, ese freno se desbocará, todo será más explícito, y es posible que en poco tiempo se destraben los impedimentos y se blanqueen las alianzas, sobre todo, para el caso de Ramón Rioseco, el hombre que se siente con derecho y posibilidad de integrar una fórmula dentro del campo opositor al partido de gobierno, sea por el lado del antikirchnerismo, o por el lado del oficialismo nacional…no tanto por volatilidad ideológica (hace tiempo ya que en Argentina la ideología no es más que un decorado para la ambición de llegar al poder), sino como una consecuencia pragmática también de la interna del MPN.

La decisión de Rioseco será una decisión espejo: reflejará esa interna, pues el intendente de Cutral Co podrá optar en función de lo que represente el rival a vencer. Lo mismo harán, en definitiva, quienes serán sus socios en esa aventura.

En este contexto que comenzará a verse en diciembre, hay que decir que el MPN no tendrá nada seguro, pese a los apresurados vaticinios que prevalecen en este presente. Primero, por regla axiomática ya que se está hablando de la realidad Argentina, es decir, la realidad de un país que depende muchísimo del cambiante humor social, afectado por una economía inestable, poco lógica, pero pertinaz en sus movimientos cíclicos. Segundo, porque hay por lo menos un candidato, Horacio Quiroga, al que las encuestas le asignan una importancia acorde con la de un desafiante con posibilidades. Y tercero, porque el derrame de Vaca Muerta no se verá en el período en cuestión más que en sus aspectos incómodos: alza de precios, burbuja inmobiliaria, mayor contraste entre niveles salariales de la industria respecto de los estatales.

También hay que considerar el bajo precio del petróleo, que puede inducir en el corto plazo a un mayor afán por la extracción de gas, posibilidad concreta que afectaría los ingresos por regalías.

Así las cosas, conviene reforzar un pensamiento: la interna del MPN determinará el proceso político inmediato; pero no garantizará per se la continuidad de este partido en el gobierno. Para eso, el MPN, en cualquiera de sus versiones, deberá pelear la próxima batalla, y lo hará en un momento en que, para bien o para mal de su suerte, no tendrá otro gobierno que poner como ejemplo que el que actualmente tiene.

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