Los devotos que llegaron al pueblo en el primer día de la festividad encontraron un mayor resguardo de lo religioso.
"Por lo general vamos a Renca, que es más tranquilo. Pero este año acá en la villa vimos un cambio. Está mejor, más calmo, no es todo negocio", opinó Susana, quien llegó de Villa Mercedes junto a Blanca y Angélica. "Las tres somos devotas y venimos a agradecer. Promesas no hacemos, pero nos gusta venir juntas y pasar el día cerca del Cristo", confesó.
Pero fuera de la reserva, el hormigueo de comerciantes, puestos, y locales de comida era el mismo de siempre. Las calles Sarmiento y 9 de julio eran las más transitadas. Los puesteros ofrecían artesanías con motivos religiosos, ropa deportiva, discos de música y todo tipo de souvenires. Para saciar el hambre, los visitantes podían optar por "comidas al paso" como panchos o sandwiches de milanesa, o bien, un menú completo en algún restaurante de la zona, muchos de los cuales ofrecían como especialidad el locro (Ver: pág. 4).
También había un movimiento incesante en la entrada al Vía Crucis de caminantes que llegaban de la ciudad, Suyuque, Los Molles y otros puntos aledaños para saludar al Cristo en la última estación.
Para la intendenta de Villa de la Quebrada, la evaluación del primer día fue positiva. "Recibimos comentarios en su mayoría de aprobación. Desde mi oficina puedo escuchar la novena y esto es la primera vez que sucede. Empezamos a separar más las cosas. También estuvo más ordenado en cuanto al acampe y el estacionamiento", consideró Lobos y comentó que algunos comerciantes estaban sorprendidos. "Fuimos tajantes y les dijimos que no podían estar en la plaza. Nos limitamos a aplicar las ordenanzas que estaban guardadas", manifestó.
Con cada año que pasa, Villa de la Quebrada asegura su puesto como uno de los principales destinos religiosos del país. Basta con observar la postal de fieles y peregrinos que desde la madrugada llegan caminando para pedir y agradecer al Cristo milagroso para dar cuenta de la importancia de esta festividad. La "capital de la fe" no tiene fronteras y cada vez son más los que llegan de otras provincias para mostrar su devoción.
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