Caminar por las calles de la ciudad, relajado, atento, invita al individuo a encontrarse con el reflejo de lo que la misma sociedad genera. Revisar sus rincones, atender sus menesteres, viajar en el tiempo cuando se observa una iglesia, una casa vetusta,o la cara de una abuela en un barrio tradicional.
Pero el quid de la cuestión, es: ¿Qué reflejo es el que nos devuelve ese espejo de ciudad? ¿Qué características posee? ¿Es positivo o negativo lo que vemos, como consecuencia de nuestras propias acciones? ¿Qué aportamos para mejorar esa imagen que tenemos de c-i-u-d-a-d?
Es necesario reconocer que la ciudad transita y lo hará en el futuro, por un estadio muy complejo, de pueblo, a ciudad, de moderno a contemporáneo y de contemporáneo a híper-moderno. Todo en menos de 100 años, lo que lógicamente tiene sus efectos, y en algunos casos devastadores.
Solo hace falta conocer en Marzo de cada año, la cantidad de personas muertas en accidentes de tránsito, sumadas a aquellas que padecieron un accidente (generalmente en motocicletas) y en menor número, pero no menos significativo, las que sufrieron un robo, arrebato o simplemente fueron víctimas de actos de violencia, vandálicos o de la efervescencia del conglomerado social. No hablar si revisamos estas cifras en diciembre.
Esto no es culpa de tal o cual, es de todos los ciudadanos. De todos. Por facilistas. Por mediocres. Por conformistas. Los que se quejan por quejarse y no hacer nada. Los que proponen, por solo proponer y no comprometerse. Los indiferentes por eso, por soberbios e ignorantes “total eso a mí no me va a pasar”. Hasta que te pasa y de allí no hay vuelta atrás.
Además se agrega como la mancha social, que explica Néstor Canclini, en este caso se expande, con muy pocos criterios y las diferencias, similitudes, puntos de convergencia social quedan totalmente di-sociados, en cuanto a la creación de barrios o urbanización se refiere.
A ello se deben incorporar la falta de valores sociales COHERENTES, la falta de conocimiento, la falta de educación, de formación, de conciencia, de solidaridad social y principalmente de responsabilidad; ya que se denota de solo observar las calles del centro y de los barrios que estas acciones no tienen su correlato en los pensamiento, y mucho menos en los comportamientos: cuando se saca la basura, por ejemplo, la responsabilidad de la bolsa, quedo en el umbral del garaje o de la puerta de la casa; si los perros la desguazan, o se la comen, o la patean los infantes, ya no importa, está en la calle y no es de la responsabilidad de quien llenó la bolsa negra, en el mejor de los casos
Las grandes metrópolis todavía, hoy, no pudieron alcanzar esa perfectibilidad que buscan en sus edificios y sistemas de urbanización. Si bien, la nuestra, La Rioja, es una ciudad pequeña, crece a ritmo vertiginoso, como lo hacen todas las urbes que dejaron de ser pueblos, chicos, alejados y marginados, para globalizarse y atender la demanda de una ciudadanía voraz.
Ahora, esa voracidad de cada persona, provoca, en el caso Riojano, que se pierda y esfume el verdadero protagonista del crecimiento y cambio; de la transformación: El CIUDADANO, PERO EL COLECTIVO, ES DECIR TODOS LOS CIUDADANOS.
La ciudad es como un organismo vivo, y así ya lo justificaron desde varias perspectivas sociológicas.
Y, si es así, ¿Cómo late el corazón de nuestra ciudad? ¿Late lento, como un anciano que apenas puede caminar para ir al baño; o late como un adolescente, lleno de energía dispersa?
Es necesario plantear el discurso de una ciudad, que además de autoridades y políticas de Estado, enseñe a sus ciudadanos el cuidarla, el cuidarse. Cada uno de nosotros somos parte y, si cada parte forma un todo, significa, que cada acción negativa o positiva repercutirá en la globalidad de la incipiente urbe.
Cierre sus ojos. Piense en la ciudad y en qué hace usted para re-conocerse en ella. ¿Se identifica?
Sin atentar al resultado de su reflexión, seguramente diríamos que NO. La identidad de riojanidad, en el caso de la ciudad Capital, tiene matices variados y se ancla en la magnificencia del Velasco que eterno adorna el fondo de todos los recuerdos; pero eso es a lo lejos. Acá cerca, las cosas son otras, distintas, difíciles, a veces llenas de ruido, otras, llenas de anomia (Falta de cumplimiento de las normas), otras, las menos, con conciencia.
Si la existencia en este planeta es finita, como lo es la vida misma, porque no valoramos y cuidamos lo que es nuestro, como individuos, como ciudadanos, como integrantes con plena potestad del Estado. Hablo en plural, porque una golondrina no hace verano.
Se necesita sinergia. Unidad. Apoyo. Reflexión. Acción. Decisión. Apelo a estas acciones descritas antes, para que como ciudadanos expongamos las ideas de ciudad que tenemos y principalmente APORTEMOS, unidos, al cambio, pero en positivo, sin quejas ni reproches.
Re-conocerse es hacer un mea culpa de todas las actitudes que tenemos para con la ciudad y que lo largo del tiempo, fueron carcomiendo su realidad.
El contexto de hoy, es efervescente.
La mayoría tiran los papeles en el piso, las botellas plásticas, envoltorios, bolsas. Hacen la vista gorda y hasta festejan. Hay quienes critican a quien quiere limpiar o aún peor, observan como espécimen de laboratorio a quien no arroja desaprensivamente los sobrantes y le insultan con epítetos de desprecio.
Esos mismos son los que viajan a otras ciudades y se admiran del cuidado que otras personas tienen por SU ciudad. Lo mismo sucede en otros países. Lo mismo, en otros continentes.
Soluciones. Muchas. Lo principal es auto-observarse con pensamiento crítico, tener la capacidad de ello y entender que el cambio, el aporte, al mejora es COLECTIVA. En sinergia con el cuidado y la voluntad de una ciudad que quiere Re-conocerse fértil, bella, perfectible.
Aportes. Todos. Los medios de comunicación e información, el sistema educativo, la dirigencia, los administradores circunstanciales del poder del Estado, los padres, principalmente, enseñando a sus hijos a CUIDAR, a cuidarse. Es difícil cambiar la mentalidad. Más difícil seguirá siendo si no se intenta. Intentemos. Eso es fundamental, saber que sí podemos cuidar mejor la ciudad, pero debe ser con compromiso, mutuo y propio, mas propio, para de allí hacerlo mutuo.
Es difícil reconocer el umbral entre la ciudad ideal y la realidad, digo difícil porque los reproches abundan, las disputas y las diferencias también, y allí se gasta, se pierde, se desperdicia energía. Busquemos los ciudadanos la responsabilidad de cambiar ese compromiso con nuestra ciudad y cambiemos, mejoremos. Con una pequeña acción todos los días.
Puede que una sola actitud, no logre nada. Pero muchas actitudes juntas, si lo logran. Muchas actitudes pueden cambiar muchas cosas, muchas realidades, invertir procesos; generar cambios y ganarle al tirano del tiempo.
En este último enunciado los invito a todos a re-conocerse y encontrarse en su ciudad, modificada y cuidada por vosotros mismos. Recuperar la identidad.
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