El juez agravó los cargos contra el Panadero y ahora podría sufrir cuatro años y medio de prisión. Igual seguirá libre. En el allanamiento encontraron municiones.
La causa le había llegado desde la Fiscalía de La Boca como lesiones leves agravadas por ser producidas en un espectáculo deportivo. El castigo para semejante hecho, que convirtió al superclásico en un papelón histórico, era sólo de 16 meses (un año por las lesiones, cuatro meses porque sucedieron en un estadio). Pero el magistrado Carlos Ponte, a cargo del juzgado correccional cuatro que sigue el caso, hizo la movida correcta que había anticipado Olé el martes: sumó también el delito de haber provocado con el accionar la suspensión del partido, que está reprimido con una pena de seis meses a tres años de prisión, tal como lo establece el artículo siete de la Ley 24.192 de espectáculos deportivos, comúnmente llamada Ley De La Rúa, ya que fue impulsada por el ex presidente cuando era legislador. De esta manera, por la suma matemática de ambos cargos, Adrián Napolitano, el Panadero, podría tener una condena máxima de casi cuatro años y medio de cárcel, número no excarcelable (las penas condicionales llegan hasta tres años). Aunque acá comienza a correr otra discusión: si los dos delitos fueron realizados en concurso real (es decir, más de un comportamiento provocó varios delitos) o ideal (un solo hecho constituye dos o más infracciones, o un hecho es un medio necesario para cometer el otro). Si fuera real, se puede hacer la suma matemática. Pero si la Justicia entiende que es ideal, sólo corresponde la pena del más grave, cuyo máximo en este caso es tres años, por lo que la libertad del Panadero no correría riesgo. Teniendo en cuenta el suceso y que le otorgaron la eximición de prisión, todo indicaría que el juez optará por esta última figura. Eso en definitiva se sabrá pronto: el día de la indagatoria deberá leerle la acusación completa.
Por otro lado en el allanamiento a la casa no sólo encontraron como adelantó Olé una serie de carnets, sino también municiones de armas de caza. Sobre ambos temas, su abogado, Hernán Carluccio, le dijo a Olé : “Los carnets son viejos y de amigos suyos, no hay nada raro. Si es necesario llevaremos a los dueños al juzgado para que lo certifiquen. Y las municiones eran del padre, que era afecto a la caza y ya falleció. Apenas Adrián declare, quedará todo resuelto. Si se mandó un macanón, que pague por eso. Pero no por lo que no hizo”.
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