El profesor de la Cátedra de Análisis de las Instituciones Educativas de la Universidad Nacional de Formosa, Mario Olmedo, estuvo visitando los estudios de Radio Uno para hablar de la actualidad de la educación tanto a nivel país como en la provincia, de la realidad y el rol del docente dentro sistema educativo y cómo el partidismo se ha inmiscuido de tal manera en la casa de altos estudios, que ya no se habla de ideologías, sino que lo que predominan son las feroces afrentas por personalismos.
El profesor Mario Olmedo, quien tiene 50 años como docente habló con Radio Uno acerca de cómo llegan los alumnos a la casa de altos estudios, y al respecto sostuvo que esta realidad merece dos consideraciones: una buena, que se ha casi universalizado el deseo de estudiar, porque “hoy quien puede y tiene ganas, termina la secundaria y quiere seguir en la universidad, pero allí se encuentra ante una crisis”.
El fenómeno de la “puerta giratoria”
Olmedo comentó que cuando el alumno ingresa a la universidad enfrenta una crisis porque se da cuenta que el propio sistema educativo lo restringe, entonces está ante el fenómeno de la “puerta giratoria”, esto es, a la entrada –muchos son sometidos a exámenes de ingreso o de regulación-y ante el fracaso en esa oportunidad, deciden abandonar, y la otra restricción está a la salida, cuando después de recorrer y marearse con el plan de estudios, el alumno decide bajar los brazos y deserta.
Según el catedrático, a la Universidad de Formosa ingresan entre 8 a 9 mil alumnos, de los cuales menos del 10% se termina graduando, mientras que el promedio a nivel nacional va de 13 a 16%. Además indicó que las carreras de cuatro años suelen extenderse a 6 o 7 en promedio, y que es muy alto el nivel de deserción en aquellas que tienen cátedras cuatrimestrales en el primer año. Lo que representa un verdadero desafío para la comunidad educativa y también para la sociedad toda.
Las alternativas
proliferan por
el fracaso
Uno de los fenómenos que genera el constante fracaso en cuanto a la deserción de alumnos en la UNaF son el surgimiento de las “alternativas”, universidades privadas, cursos pequeños, que los alumnos terminen trabajando en otras cosas que no sean lo que anteriormente habían elegido.
“El alumno tozudamente persevera y sigue estudiando, y la universidad trata de responder a esa cuestión, -nos planteamos si el problema es antes (en la secundaria) o después (una vez inserto en la universidad)-, pero la realidad, es que hoy los chicos no saben interpretar lo que leen siquiera, y además, desde el Estado la exigencia se ha bajado tanto con tal de que los chicos estén adentro y no afuera de la escuela, y eso a la larga termina siendo un costo muy alto para la institución”.
Solucionar el problema de la deserción es posible
El profesor Olmedo dijo que desde el punto de vista pedagógico hay maneras de hacerle frente a la deserción en la universidad pero que ello implica tener vocación y aplicar verdaderas políticas educativas y no dejarse llevar por la “partidocracia”, “porque cuando lo que importa es mi camiseta, yo dejo de tener valor como profesional, pierdo mi ética, no defiendo valores sino colores, y eso no sirve”.
Sostuvo que una de las maneras de planificar la lucha contra la deserción es armar un buen equipo de cátedra en el primer año de cada carrera, donde no pueden haber cursos que superen los 25 alumnos y que de última, el nivel de exigencia a la hora del examen tiene que ser la máxima por la institución y por el alumno mismo.
Otro que cumple un rol importante es el docente, a quien Olmedo definió como “la variable más débil del sistema educativo” y deslizó que muchas veces se oyen por los pasillos eso de que “si un docente aplaza dos o tres veces a un alumno, lo llaman para preguntarle qué sucede, cuando esto pasa, si la discusión no es porqué lo aplazó, sino que no lo tiene que hacer y lo debe premiar promoviéndolo aunque no lo merezca, ahí es cuando entra a jugar un rol importante la ética de cada docente, y qué hacer ante estos casos”.
Comentá la nota