Pese a enfermedades o al mal tiempo, trabajan de lunes a lunes en bicicleta, en sillas de ruedas o en un punto fijo.Algunos diarieros compartieron sus historias con El Tribuno. Una rutina de sacrificio, con solo tres descansos al año.
“Tengo todas las enfermedades habidas y por haber: artrosis, artritis, osteoporosis, asma”, enumera. Y una alergia se acentúa en el timbre de su voz. Eso es lo de menos: “Las otras enfermedades son muy dolorosas, pero tengo en claro que las debo dejar en casa. Mi vida es la calle, salir a vender. Me gusta, no me puedo quedar de brazos cruzados”.
“Diario, diario”, mientras conversa no olvida que aún le quedan ejemplares. En una bolsa también ofrece abanicos, agujas y bolsas de consorcio.
Marta es una de esas luchadoras solitarias incansables. Todas las mañanas le gana al sol, y baja desde el barrio El Carmen hasta la plaza 9 de Julio. Asegura que solo tarda media hora. “Es poquito, ¿no?”.
Hace cinco años, Marta, según su relato, ofrecía los diarios en bicicleta o a pie. Contó que a los dos años soportó una parálisis en parte de su cuerpo, pero de a poco la superó.
“Habrá que festejar (por el Día del Canillita). La alegría te saca de todos los problemas”, compartió. “Diario, diario...”. Y siguió en búsqueda de lectores.
Jubilado vuelve al ruedo
Carlos López tiene 70 años, pero solo tres como canillita. Empezó tarde, pero eso no le quita la energía para bicicletear dos horas por día. Después se instala en la esquina de las calles Zabala y Córdoba.
La venta de diarios le permite hoy ayudar a poner el pan sobre la mesa para él y sus cinco nietos. “Tengo muchos clientes que me aprecian. Es un trabajo sacrificado, pero me gusta y me permite hacerme cargo de algunos nietos. Es mi obligación hasta que me muera”, remarcó.
Carlos es jubilado, tras retirarse del Servicio Penitenciario Provincial. Heredó el nuevo oficio de uno de sus hijos. Hace una pausa y explica que sus riñones están “un poco jodidos”. Por eso se hace diálisis. “Salir a trabajar me mejora, quedarme en casa sería peor. A la vida hay que darle para adelante. Si mirás el costado, perdiste. Yo siempre, para adelante”.
Su rutina sigue así: de lunes a lunes se levanta a las tres de la madrugada, busca el diario, toma la bicicleta y recorre las casas de sus clientes. A media mañana pone una silla de madera y un plástico en la vereda para que los ejemplares queden a la vista.
Luis Alfredo ya asumió que hay solo tres descansos al año: Navidad, Año Nuevo y el Día del Trabajador. Casi 40 años lleva como canillita, arrancó cuando era un veinteañero. Su punto fijo es en la esquina de avenida Reyes Católicos y Las Acacias, en barrio Tres Cerritos. Mira la estación de servicio y recuerda: “En ese tiempo esto solo era una pieza”.
“Tenemos que laburar sea como sea, porque si no, no vamos a tener nada”, señala.
Horas antes, la lluvia había anegado la calle, a unos pocos metros. Sin embargo, Luis relató que años atrás salió a vender periódicos en medio de calles totalmente inundadas.
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