Descubrir a quiénes votaremos el 22 de octubre es una pesquisa tan complicada que requiere de una búsqueda de datos con más agujeros negros que información concreta.
No hay marcha atrás. Minuto a minuto se multiplica en forma exponencial la información de cada uno de nosotros. Lo queramos o no. Lo sepamos o no. Mala noticia para los paranoicos, entonces: la circulación incesante de datos ya es imparable. Frente a esta realidad consumada lo único, lo recomendable acaso, es darles el uso más inteligente posible.
Con ese ambicioso objetivo, MDZ online y el Centro Latinoamericano de Derechos Humanos (CLADH) propusieron un desafío inédito en la política y el periodismo locales: una hackatón electoral. En criollo, una búsqueda colaborativa de datos vinculados a los candidatos para que entre todos los participantes se pudieran llenar todos los agujeros negros en la información de aquellos a los que habremos de votar el 22 de octubre.
Una vez que cada participante (estudiantes, periodistas, docentes, funcionarios, curiosos) tuvo a mano un listado de los aspirantes a cargos electivos, se lanzó una singular pesquisa en el mundo virtual.
59d225dfea9d4 459 259! phixr
Si bien la organización aportó una hoja de ruta para el despegue, donde se incluían páginas web claves (Justicia, Junta electoral, gobierno provincial, ATM, Facebook, Linkedin, registro de deudores alimentarios, etcétera), también dejaba margen para rastrear a través de Google o mediante cualquier otra opción que sirviera para acceder a la información requerida.
Los datos a obtener iban desde lo más básico, como la edad y los antecedentes académicos, hasta datos patrimoniales, si tienen causas judiciales, deudas alimentarias o de impuestos provinciales, o si poseen armas registradas, entre otros tantos ítems.
Aunque obvios, varios de estos objetivos fueron verdaderas agujas en un pajar. La conclusión, una vez agotado el sondeo de cada candidato, era la llamativa falta de información disponible. Y esto por varias razones. En el caso de los políticos más jóvenes, prácticamente no cargan con un pasado negro (o si lo tienen lo guardan bajo siete llaves) que haga tambalear su candidatura. Son quienes, por un cuestión generacional, mejor manejan las redes sociales y es ahí donde lo poco o mucho que existe de sus biografías queda a un nivel más accesible.
Comentá la nota