Caruso se afeitó la barba y el equipo perdió su habitual estilo: los jugadores libres lo superaron en despliegue y llegaron al gol con un cabezazo. Lo igualó Lugüercio.
Con el agónico empate 1-1 como anécdota, lo más importante para Caruso fue comenzar a delinear el equipo que arrancará el torneo en Rosario, frente a Central. Lugüercio, autor de la palomita del gol en el minuto final, se mostró voluntarioso como siempre y junto a Ramírez, quien ayer apenas tuvo un cabezazo, es una fija para integrar la dupla de ataque. El resto también está definido y serán casi los mismos que evitaron la Promoción. Sólo hay dos lugares para los refuerzos: el arco y el lateral izquierdo. En el primero se destacó Jorge De Olivera. El ex Chicago, quien aún no firmó contrato porque depende de la ida de Gullotta o Cuenca (ver Un apoyo...), sorprendió por su sobriedad y presencia. Y no tuvo responsabilidad en el gol de cabeza, al ángulo, de Gigliotti. Mientras, Matías Cahais aprobó en la punta izquierda.
Los otros nuevos jugaron para los suplentes, quienes enfrentaron a un combinado de juveniles académicos, reforzados por el CEFAR y algunas perlas como el nigeriano Johnson (ver pág. 17). En ese segundo turno se lucieron Velázquez, Steinert y Brítez Ojeda. Cada uno hizo un gol y los tres se llevaron el OK de Caruso.
La primera imagen no fue nada buena y, esta vez, el candado no estuvo. Igual, hay tiempo para recuperar la memoria.
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