El contratista Mariano Mainini terminó de sembrar un lote de girasol en la zona de El Carretero el domingo por la tarde, un ratito antes de que empezara a llover.
Cuando cayeron las primeras gotas, ubicó el tractor, la sembradora, los carros y la casilla en un lugar que, a simple vista, era a prueba de agua. Estaba a 70 metros del arroyo y en una parte elevada del campo. Y se fue a su casa de Orense.
Tras el lunes lluvioso, el martes por la mañana decidió hacer la recorrida de rutina para ver si estaba todo en orden. Cuando estaba a un par de kilómetros del lugar se dio cuenta de que la mano venía mal: era todo agua, "un mar", definió sin exagerar. Y los fierros estaban en el medio de esa masa de agua que se había formado en menos de 24 horas.
"Cuando lo vi me volví loco, llegamos como pudimos, porque la correntada era muy fuerte y casi no podías estar parado. Pero por suerte pudimos sacar todo sin problemas, no nos encajamos. Abajo el piso estaba duro, eso era porque el agua corría con tanta fuerza que se había llevado hasta el barro", explicó el orensano sobre la experiencia que vivió en el establecimiento ubicado en el kilómetro 88 de la ruta 228. "Los caminos de acceso eran ríos y cruzaban la ruta como si nada. Yo tuve que andar unos 3,5 kilómetros en el agua para poder volver", agregó.
El contratista logró zafar el equipo del agua, ahora le queda hacer un mantenimiento preventivo en el tractor y en la sembradora para reparar los daños que haya provocado el agua. Lo que no se salvó es el lote que sembró con girasol, que era de un cliente. "Seguramente la correntada se llevó hasta las semillas", comentó.
El girasol que él había sembrado -porque también es productor- en un campo que arrienda en la zona de la laguna de Gil, tampoco zafó de la inundación. "Es un campo que ya tuvo agua en agosto y perdí parte de la fina, y ahora me quedó una parte del girasol bajo el agua. Los sectores de fina que había perdido pensaba hacerlos con soja, pero a esta altura no creo que vaya a poder entrar a tiempo para sembrar", se lamentó.
Mainini es apenas un caso, pero la región, y sobre todo la franja costera, está llena de Maininis. Son muchos los contratistas y productores que han vivido una situación similar tras el diluvio del lunes. Y también son varios los que los sufrieron por duplicado, porque habían padecido el avance del agua en agosto.
Llovido sobre mojado
"Otra vez no se puede entrar a los campos, las calles parecen ríos, hay mucha agua en San Francisco, en Claromecó, en toda la costa. Es verdad que ahora los días son más largos que en agosto, pero no se si vamos a tener tiempo de sembrar el girasol y el maíz. Así vamos a tener que hacer sólo soja", indicó Eugenio Simonetti, presidente de la Sociedad Rural de Tres Arroyos y propietario de un campo en la zona de Bellocq.
"Todos los sectores que se habían perdido de fina en agosto, volvieron a llenarse de agua. La novedad es que vamos a perder los girasoles y maíces que ya se habían sembrado porque lo ha tapado el agua otra vez", explicó.
El reciente diluvio volvió a llenar de agua la franja costera de los distritos de Tres Arroyos, San Cayetano y Necochea, y también inundó a los productores de varias preguntas que hoy no tienen respuestas. "No sabemos cómo se va a terminar de sacar lo que quedó en los campos de la cosecha vieja. Porque hay mucha mercadería que no se pudo entregar y que están en silo bolsas. También hay muchos lotes de novillos que no se pueden sacar. Y tampoco sabemos cómo vamos a llegar a los lotes para sembrar la gruesa, y ni siquiera si podremos entrar para cosechar la fina que hay sembrada", planteó Simonetti. "Los caminos están llenos de agua, hay campos que otra vez quedaron totalmente aislados y no sabemos hasta cuándo", completó.
San Cayetano
"Lo poco que se había recuperado se volvió a perder", resumió Sergio Melgarejo, presidente de la Sociedad Rural de San Cayetano para describir el estado de muchos de los campos de ese distrito. "No hay camino que resista tanta agua, no hay cultivo que aguante más de 100 milímetros en menos de un día. El agua se lleva todo puesto. Los lotes que no te arrasa, te los plancha", agregó con preocupación.
En San Cayetano, gran parte de la superficie sembrada con trigo y cebada había sido afectada por las inundaciones de agosto. En muchos casos se hizo una resiembra y en otros se implantaron los cultivos ya en setiembre -en un año normal sería impensado-. "Esos cultivos venían atrasadísimos, sembrados en superficies que se recuperaron tras el paso del agua. Pero el lunes, a esos lotes los volvió a tapar, así que se perdió nuevamente", indicó Melgarejo. En la zona costera del distrito, la correntada también tapó algunos lotes de maíz y girasol que habían sido sembrados, "porque en esos campos se siembra un poco antes" en relación a establecimientos más continentales.
"Difícilmente después de ese paso del agua sea un cultivo normal el que te quede. Y a eso sumales el costo que ya tiene hacer la gruesa -el maíz y el girasol son los cultivos más caros-; el trabajo; el tiempo que perdés; la alteración del plan de siembra; te complica todo... Y lo más preocupante es que se acerca la cosecha y no sabemos si la gente va a poder sacar su producción del campo", advirtió el dirigente sancayetanense.
Por último, Melgarejo se quejó por la falta de repuestas del gobierno provincial. "Todavía estamos discutiendo los decretos que se firmaron y los que no (en referencia a las declaraciones de desastre y emergencia por las inundaciones de agosto), y tampoco hay un instructivo claro para los bancos ni para ARBA respecto a qué va pasar con los productores afectados y encima nos cayeron 150 milímetros más".
Las pérdidas en Pringles
Coronel Pringles fue uno de los distritos más castigados por las lluvias de esta semana y también había sido muy afectado por las inundaciones de agosto. Según indicó Manuel Domínguez, presidente de la Sociedad Rural pringlense, el distrito ha perdido entre el 30 y el 35% de la superficie de fina. "Acá, en promedio, se siembran unas 120.000 hectáreas con cultivos de invierno -100.000 de trigo y 20.000 de cebada-, y se estima que unas 40.000 no se van a cosechar. Son hectáreas que han estado bajo agua y superficie que el agua barrió cuando estaba recién sembrado y ya no se pudo entrar más", explicó Domínguez.
A partir de las nuevas precipitaciones, el titular de la entidad ruralista advirtió que "en los campos un poco bajos no se va a poder sembrar la gruesa... Está todo muy complicado. En una reunión que tuvimos con productores, coincidimos que nunca se había visto algo así. Ni siquiera la inundación de 1982 fue tan grande".
Ganadería
Además del efecto sobre la agricultura, el agua está dejando su marca en la ganadería. "Se calcula que la mortandad de terneros ronda entre el 12 y el 14%. Eso es porque la inundación de agosto se produjo en plena parición y las vacas parieron en el agua. Ahora se suma que la hacienda no está en buenas condiciones y es la época en que se tienen que servir las vacas. Entonces seguramente se verá afectado el índice de preñez el año que viene", advirtió.
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