Con un manual del desparpajo en el bolsillo y un sertal ético en el otro para digerir su propia impericia, Salvi acusó a la Asamblea del Transporte Público de usar “electoralmente” un reclamo que lleva años sin que medie una solución honrosa.
El gesto roza lo cínico. Habla de la anchura del canal moral por el que se mueven los funcionarios y el “handicap” que tienen para ejecutar la impunidad en el medio en el que se desempeñan. De otra manera, la burrada de Salvi, el titular de la Comisión de Transporte del Concejo, tendría otra repercusión en la arena de lo público que no tiene ni tendrá.
Le puso voz a un dislate solo comparable con el gafe de los pancheros y su responsabilidad en la seguridad pública tandilense según el criterio de su par de bancada Cristina Aquino, de un tiempo a esta parte metida de prepo en el “cono del silencio” al que la confinaron sus propios compañeros de bloque hasta que pase la campaña.
La impunidad con la que habla Salvi refiere indudablemente a la lectura del mapa político y social que traza el radicalismo de la ciudad. En su esquema, el transporte público no mueve el amperimetro y la “bola” que están dispuestos a darle es proporcionar a eso. Esto es: nada. Tal vez sólo así se entienda que dejen a Salvi ejecutar con impericia el arte de argumentación medianamente respetable.
Salvi encuentra por toda respuesta a las demandas de la Asamblea que se trata de “la campaña”, bastardeando una iniciativa pluripartidaria y nacida por iniciativa de los mismos usuarios.
Dijo el hombre del radicalismo que lo “sorprendían” los reclamos de la Asamblea y lo adjudicó al “año electoral”.
“Yo siempre los atendí” dijo el concejal que concentra más puteadas por boleto cortado en toda la historia de la ciudad.
“Me parece lógico que falten cosas en Tandil, es una ciudad que crece mucho, tenemos muchos habitantes y muchos colectivos, los controles existen y seguramente habría que mejorarlos”, dijo.
“Las frecuencias están perfectas”, dijo.
“La comisión de Transporte quiere que vuelva el colectivo (a Tunitas), el problema son dos o tres inadaptados que no sé lo que buscan en agredir a un colectivo”, dijo.
“Al tema de los boletos combinados universales ya lo tratamos. Mejoramos algunas cosas y otras no las pusimos. Les aclaramos en una de las reuniones por qué no puede existir la combinación universal y no se habló más de eso”, dijo.
Los asambleistas seguramente no coincidirán con el optimismo del concejal que no pisa los colectivos porque ni siquiera llevan los tacómetros que él repara para taxis y remises.
“Las condiciones de discusión que se habían logrado luego de un intenso trabajo por parte de la Asamblea desaparecieron nuevamente”, dicen los asambleístas.
“Luego de la presentación del proyecto los concejales pidieron a la asamblea tiempo para analizarlo y 2 meses después se nos niega el derecho a participar en las comisiones, argumentando que ‘tienen muchos papeles que resolver’”, dicen ellos.
“Siguen sin cumplirse las promesas de ampliación de combinaciones, eliminación de los minibuses, difusión de los derechos de los usuarios con las boletas de luz, instalación de
GPS en las unidades y la realización de la auditoria, pedido elevado hace 5 meses a la Secretaría de Transporte de la Nación y del cual tampoco se tiene respuesta”, dicen ellos.
“La suspensión del servicio de la línea 501 en el Barrio las Tunitas a partir del anochecer evidencia la falta de compromiso del gobierno radical para con la política de transporte”, dicen ellos.
Lo cierto es que la Comisión de Transporte no los deja participar más de sus reuniones de trabajo porque les quita tiempo para otras “cosas más importantes”. Todo parecería indicar que su exclusión tiene que ver con la incapacidad política que tiene el oficialismo cuando tiene que negociar o consensuar, un verbo que utilizan a menudo que pero aplican solo cuando hay garantías de no tener que poner en práctica el arte de llegar a un acuerdo entre partes que piensan distinto.
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