Los cambios de costumbres en los balnearios marplatenses

Los cambios de costumbres en los balnearios marplatenses

Las costumbres del turista cambian y nadie lo sabe mejor que los concesionarios de playas. El veraneante ya no madruga tanto y generalmente aparece en sus toldos o sombrillas después del mediodía. Pagan por estar cerca del mar... pero las piletas en los balnearios hacen furor.

Así como a nivel teatral Mar del Plata marca hitos a nivel mundial, debido a la cantidad de obras en cartel durante el verano, la ciudad es una de las pocas en el mundo que cuenta con balnearios en los que se alquila la sombra, ya sea en forma de sombrillas o de los tradicionales toldos.

Claro que, con el paso del tiempo y el crecimiento de la exigencia de los clientes, los mismos se fueron "aggiornando" para ofrecer una amplia gama de servicios: desde masajes hasta gastronomía de calidad; prácticas deportivas y entretenimientos para los más chicos; recitales de música. Y, en algunos sectores, apuestan a la actividad durante todo el año.

Este verano, Playa Grande mostró una renovación total, tanto de las instalaciones como en la amplitud de servicios. Históricamente, éste sector es elegido por familias -que en muchos casos muestran a varias generaciones que incluyen hasta a los bisabuelos- y por gente que "prefiere llegar caminado, para evitar el caótico tránsito local", describió Sergio Goransky, concesionario del tradicional balneario Mar del Plata y del flamante La Reina.

Con varias décadas de trabajo en el sector, reseñó que "éste verano volvió mucha gente que antes se iba al exterior, aunque claro que nosotros también tenemos clientes de toda la vida".

"Pocas heladeritas"

A la hora de los consumos, señaló que "generalmente la gente baja (al balneario) almorzada aunque también tenemos las familias que arman largas mesas" y aseguró que "es baja la proporción de los que llegan con heladeritas".

En cuanto a la procedencia de los clientes, si bien muchos son marplatenses que alquilan durante toda la temporada, también cuentan con turistas que llegan desde el interior del país, como Tucumán, Chaco y Santa Fe, entre otros sitios.

Un hito que dijo haber conservado a lo largo del tiempo son las cabinas, esos vestuarios individuales en los que se pueden dejar todos los accesorios que se llevan a la playa. "Somos pocos los que las conservamos", se enorgulleció Goransky.

Desde siempre

Tenemos "clientes de toda la vida, que vienen acá desde hace 40 años y vieron todos los cambios del sector", describió Gabriel a los asistentes del balneario Hermitage. Además de los pasajeros del cinco estrellas, por los pasillos del balneario circulan los habitués de siempre, incluso muchos de ellos alquilan desde hace muchas temporadas el mismo toldo.

La mayoría de los inquilinos de los sectores de sombra son personas grandes, que viven en las cercanías y opta por trasladarse caminando para evitar el caótico tránsito marplatense.

Aunque en general optan por retirarse a almorzar a su casa, ya que suelen llegar a la mañana y retornar a la tarde, algunos prefieren las propuestas gastronómicas del lugar.

Y después suelen pasar la tarde jugando al buraco o a las barajas, en tanto que la pileta suele ser usadas por los más chicos.

Hacia el norte

Las playas del norte de la ciudad, es decir, las ubicadas después de La Perla, son otras de las preferidas por los marplatenses. Y la mayoría de los alquileres, tanto de toldos como de sombrillas, se realizan por toda la temporada y son utilizadas especialmente por los grupos familiares.

Incluso, también pasa que muchos de los padres "dejan a los chicos y se van a trabajar y después vienen a buscarlos", explicó Jorge Riccilo, al frente de Perla Norte desde 1985.

Con tres décadas en la actividad -ya que anteriormente regenteó balnearios en la zona céntrica- el hombre que nunca se baña en el mar aseguró que éste verano el gran cambio fue la construcción de la pileta de natación en el balneario.

"Fue fundamental -dijo-, tuvimos un cambio del 80 por ciento. Les gusta a todos, tanto grandes como chicos, marplatenses y turistas".

En ese sentido, detalló que "los chicos no salen del agua y los padres están tranquilos porque están ahí. O sea que fue beneficioso para todos".

Lo que no cambió, a su entender, es su clientela ya que con muchos los une una relación que "viene desde cuando estábamos en los barcitos del centro. Ahora siguen alquilando por toda la temporada o vienen a pasar el día, pero seguimos en contacto".

Aunque Riccilo está al frente del balneario, hace "como 15 años que no me meto al mar. Es que me gusta estar al frente del negocio y a la noche termino tarde. No sé, es mi política de trabajo, estar al frente de todo", explicó.

Otro de los cambios arquitectónicos del lugar permitió convertir al balneario en "accesible para todos. Hicimos un lugar en la parte pública con 4 sillas anfibias y los guardavidas los van llevando al agua. Además, recibimos a tres centros de día. Eso nos da mucha satisfacción".

Como el lugar también cuenta con sector gastronómico, que está a cargo del hijo de Riccilo, los consumos varían de acuerdo a la época y aunque no es una época de vacas gordas, algunas consumiciones se realizan.

Bien al sur

Apenas pasando el faro, a la altura de la rotonda, comienzan los paradores playeros con bajadas para camionetas 4x4, elegidas mayoritariamente por jóvenes que buscan conjugar naturaleza y diversión.

Torneos de beach voley y beach polo, atardeceres musicalizados, gastronomía mediterránea, recitales multitudinarios y largas sesiones de kite surf, fueron algunas de las propuestas que ofreció esta temporada Destino Arena especialmente para el público joven.

Aunque también, entre los usuarios de 4x4 hubo "muchas familias, que en general llegaban al mediodía y se instalaban en la orilla. En muchos casos también armaban carpas y venían con las heladeritas cargadas", describió Pablo Sauro.

En el otro extremo de la parábola del público asistente, se ubicaron los jóvenes que se instalaban en el sector de la pileta con música electrónica.

"Un paradigma que pudimos ir cambiando -detalló- es comenzar más temprano las fiestas, ya que el atardecer musicalizado se extendía hasta la medianoche y así no se terminaba tan tarde y se podía disfrutar de la mañana siguiente".

Además de ser sede de recitales multitudinarios, como el Personal Fest con Illya Kuryaki a la cabeza del cartel, el parador ofreció diversas competencias deportivas, como los torneos de voley y de polo.

Incluso, para quienes así lo deseaban "se podía alquilar una de las sombrillas, pero en general el perfil del cliente era el de la 4x4 provisto de todo lo necesario o el amante de la pool party".

Menos tradición

Luis García, concesionario de los balnearios 21 y 24 de Punta Mogotes desde 1985, asegura que uno de los mayores cambios es que "ahora la gente viene a la playa más tarde", en tanto que los jóvenes -"digamos la franja comprendida entre los 20 y 40 años"- ya no tienen el hábito de alquilar carpa.

Su historia con la playa se remonta desde siempre, ya que su padre -Felipe- estuvo en Punta Mogotes desde 1958, cuando a los balnearios le sucedían prolongadas extensiones de arena y el complejo no existía.

Si bien describe a su clientela como "básicamente marplatense", también concurren muchos turistas oriundos de "La Plata, aunque la realidad es que muy pocos turistas alquilan hoy por toda la temporada".

Con tres décadas al frente de los balnearios, asegura que muchos de sus clientes lo acompañan desde entonces: "El otro día, cuando se despedía la familia Lombardi -que a contrapelo de los inquilinos de temporada son de La Plata- me comentaron que ya hace 30 años que vienen", contó.

A su entender, otro de los fenómenos está dado por "las jubilaciones, ya que muchos de los turistas al retirarse, se pasan largas temporadas en la ciudad porque tienen vivienda y siguen alquilando la carpa, ya que adquieren hábitos similares a los marplatenses".

Cambios de hábitos

En Punta Mogotes casi ningún balneario alquila sombrillas debido a una cuestión de seguridad: es una zona ventosa. Y la mayoría de los alquileres corren por cuenta de "familias, ya que hemos podido comprobar que el joven -digamos de una franja de entre 20 y 40 años- no consume, no tiene el hábito de la carpa incorporado. Busca otra cosa, como lo que ofrecen los paradores, y se vuelve a retomar el hábito de la carpa cuando ya forman una familia y mucho más si tienen hijos", describió García.

Con el alquiler de un toldo se busca comodidad, ya que de esa forma no hay que emprender cada día la mini mudanza que implica cargar con las sillitas, los juguetes de los chicos y hasta la heladerita.

Igual, la heladerita está incorporada ya que "en general, se consume lo que se trae de la casa familiar" y para el transporte de esos insumos es indispensable la conservadora.

Para García, otra de las cuestiones que se modificaron a lo largo de sus años de trabajo fue la hora de llegada, ya que actualmente "la gente viene tarde, te diría que en general después del mediodía así que en general ya vienen con algo picado y aquí hacen la merienda y algo a la tardecita. Antes se venía bien temprano a la mañana".

Otra de las modificaciones, pero ya del tipo arquitectónico, es la instalación de piletas de natación en los balnearios, cuestión que en Punta Mogotes se remonta a "a 2001, cuando fuimos precursores, ya que se comenzó con todo el proceso de remodelación del sector. Y ahora casi todos loa balnearios tienen pileta, hay de todos los tamaños y formas, es una gran novedad y el esparcimiento preferido de muchos".

"La zona de la pileta -añadió-, en esta zona dónde siempre hay viento, está bien reparada, en mi balneario por médanos, entonces se crea un microclima que es diferente al de la costa. Además, se generaron espacios verdes, reparados, con otra temperatura diferente a la de la orilla".

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