Analistas en Israel consideran que si cae el régimen de Mubarak todo dependerá de la orientación del nuevo gobierno. Si es democrático, le devolverá a Egipto su rol estratégico; si no, temen su efecto negativo.
“El colapso del régimen de Mubarak es comparable a un terremoto de 8 grados en la escala de Richter”, afirmó a Página/12 el académico palestino Bashir Bashir, que dicta clases en la Universidad Hebrea de Jerusalén. “Si esta revuelta popular persiste un período suficiente como para forzar la salida del presidente, entonces vamos a ser testigos de una democratización (y desestabilización) de los regímenes en una ola de contagio en la región y esto va a tener un serio impacto en el conflicto entre palestinos e israelíes”, agrega el analista.
Todo depende de la naturaleza y de la orientación del nuevo gobierno, advierten los especialistas. El diario de centroizquierda israelí Haaretz publicó un artículo en el que se habla concretamente del temor a que un nuevo gobierno egipcio esté liderado por islamistas radicales. “Israel sospecha que debajo de una superficie de lucha por mejoras económicas y de las libertades descanse un elemento islamista radical. Los islamistas no están haciendo planes por ahora, pero serán los primeros en recuperarse y aprovechar la confusión para ganar adeptos”, afirma Amos Harel.
Bashir Bashir ensaya otra respuesta. “Un gobierno democrático en Egipto podría renovar su rol de liderazgo en el mundo árabe, así como en Medio Oriente. ¿Por qué? Porque Egipto perdió su poder e influencia política y cultural en el mundo árabe. Ese vacío fue llenado por países como Irán y Turquía. Tan sólo hay que recordar el papel que están tratando de jugar en el Líbano, en Irak y en Palestina. Y Turquía se involucró en las políticas de la región como, por ejemplo, con el programa nuclear iraní.”
Egipto participó en 1948 de la guerra contra la creación del Estado de Israel y perdió territorio durante la Guerra de los Seis Días, en 1967. Después recuperó la península del Sinaí en el ’82 en el marco de una acuerdo de paz con Israel y fue el primer país árabe en reconocer el Estado judío. En ese acuerdo también abandonó todo reclamo territorial sobre la Franja de Gaza. Desde que Mubarak asumió en 1981, su país es el principal socio de Israel en la región, y su colaboración es esencial para mantener el bloqueo sobre Gaza y aislar al movimiento islamista Hamas, que gobierna ese territorio palestino. El Cairo también es una pieza fundamental en el frustrado proceso de paz entre israelíes y palestinos, y suministra recursos energéticos a Tel Aviv.
Existen voces en Israel que hablan del “efecto negativo” del levantamiento egipcio. Como lo explica el artículo “La revuelta en El Cairo se sentirá aquí”, que publicó Haaretz. “En el largo plazo, el colapso del gobierno de Mubarak puede amenazar la paz de Israel con Egipto y Jordania, los principales activos de nuestro país tras el apoyo de Estados Unidos. Dañará inmediatamente la cooperación de los egipcios y llevará a un deshielo en las relaciones de Egipto con Hamas y el gobierno de Gaza. Podría dañar el status de las fuerzas de paz en el Sinaí, y llevar a que El Cairo rechace que los submarinos israelíes se muevan por el canal de Suez como fuerza disuasoria contra Irán.”
El miedo a ese “cuco”, el Islam radical, fue usado como un argumento para que Israel sostuviera su alianza con el dictador. Parece que Netanyahu se prepara para los nuevos tiempos. Dijo ayer: “La paz entre Egipto e Israel dura ya más de tres décadas y nuestra meta es garantizar que esas relaciones se mantengan ante cualquier escenario”.

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