El escándalo que se generó luego de que Graciela Camaño reaccionara con un fuerte cachetazo contra el kirchnerista Carlos Kunkel cuando éste le recordó la frase de su marido, el gastronómico que prometió ‘dejar de robar’ por dos años remarcando que ‘había mentido’ pues seguía haciéndolo, cosechó una particular adhesión en la Legislatura bonaerense, aunque en la –por estas horas- caja de resonancia de los humores de la política vernácula, la red social twitter.
“No justifico la violencia, pero Camaño a partir d hoy es mi idola!!”, twitteó Monzón, en una frase cuanto menos peleada de los pelos con lo políticamente correcto viniendo, justamente, de una legisladora a quien el más común de todos los sentidos, seguro, le debería haber recomendado practicar en ejercicio al que suelen esquivarle algunos políticos: callarse la boca.
La frase, aunque con la aclaración previa, pareció justificar la reacción violenta de una legisladora nacional en el recinto mismo de la Cámara de Diputados, el ‘Palacio de la Democracia’
De particular estilo, la legisladora bonaerense tiene cierta tendencia a relacionarse con frases que disparan polémicas, como cuando generó un fuerte cruce con el Ministro de Desarrollo Social bonaerense, Baldomero Álvarez de Olivera, atribuyéndole una frase en el marco de una reunión que luego desmintió haber pronunciado el funcionario provincial. Aquella vez, incluso los pares de Monzón, que participaron de la reunión le dieron la razón al ex intendente de Avellaneda, desmintiendo haber escuchado lo que ella denunciaba.
Fue cuando tras una reunión con los integrantes de la Comisión de Políticas Sociales de la Cámara baja, Monzón salió a cruzarlo denunciando que en el Gobierno de Scioli “nadie controla la asistencia social”; reconocimiento que le atribuyó al Ministro de Desarrollo Social, a quien acusó de cometer un “sincericidio”.
“Quedamos azorados con la repuesta de Álvarez, que admite que los movimientos sociales determinan los beneficios, y que manejan los 144 millones de pesos, sin control”, había dicho Monzón refiriéndose a una supuesta frase del funcionario, finalmente desmentida.



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